No hay nada más espantoso que la ignorancia activa.
Frases célebres sobre: ran. [Página 407]
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El que no sabe llevar su contabilidad por espacio de tres mil años se queda como un ignorante en la oscuridad y sólo vive al día.
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No es prudente poner gran confianza en palabras pronunciadas en momentos de emoción.
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Dichoso aquél que recuerda con agrado a sus antepasados, que gustosamente habla de sus acciones y de su grandeza y que serenamente se alegra viéndose al final de tan hermosa fila.
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Ambición y amor son las alas de las grandes acciones.
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Podrían engendrarse hijos educados, si lo estuvieran sus padres.
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Si no te ha sorprendido nada extraño durante el día, es que no ha habido día
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Si a Dios le hubiera interesado que los hombres vivieran y actuaran en la verdad, habría tenido que disponer las cosas de otro modo.
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En cuanto se suprime la tiranía, estalla el conflicto entre aristocracia y democracia.
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Pensemos en la grandeza de los antiguos, sobre todo de la escuela socrática, y en cómo ésta pone ante nuestros ojos la fuente y el hilo conductor de toda vida y toda actividad, y estimula no a una especulación vacía, sino a vivir y actuar.
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En toda gran separación late un germen de locura; hay que guardarse bien de incubarlo y alimentarlo meditando sobre él.
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Muchos se muestran orgullosos de lo que saben y presuntuosos con lo que ignoran.
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Una verdad insuficiente resulta eficaz por una temporada, pero luego, en vez de una elucidación completa, se presenta de pronto algún error deslumbrante. Este le basta al mundo, y el engaño se mantiene así durante siglos.
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El sentimentalismo de los ingleses es humorístico y tierno, el de los franceses, popular y llorón, el de los alemanes, ingenuo y realista.
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Los ingleses nos cubrirán de vergüenza con su puro sentido común y su buena voluntad; los franceses, con su ingeniosa perspicacia y su sentido práctico.
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Los matemáticos son un poco como los franceses: cuando se les dice algo, lo traducen a su lengua y al punto pasa a ser otra cosa.
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Nada revela tan a las claras el carácter de los hombres como aquello que encuentran ridículo.
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Los más grandes hombres están siempre ligados a su siglo por alguna flaqueza.
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El genio, ese poder que deslumbra a los ojos humanos, no es a menudo otra cosa que perseverancia bien disfrazada.
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Se dice que no hay hombre grande para su ayuda de cámara. Eso es porque el gran hombre sólo puede ser reconocido por otro gran hombre, y el ayuda de cámara seguramente sólo sabrá estimar a sus iguales.