Los dos brazos del Peronismo son la Justicia Social y la Ayuda Social. Con ellos damos al Pueblo un abrazo de justicia y de amor.
Frases célebres sobre: raz. [Página 101]
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El amor y el recuerdo estaban confundidos en mí ser. Entrelazados quedarán en la memoria como un sueño que resplandece, y el corazón seguirá ignorando el origen de tanta clemencia.
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¡Venturoso el corazón que alberga tu terrible placidez!
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Caída su lumbre en el corazón de quien la escucha, ¿qué queda en aquel que vio fluir de su mano la chispa de los grandes designios?
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Cual un pájaro ciego yo te canto, porque eres mi sombría rosa amada, y cuando está anegado de tristeza mi corazón renueva sus canciones.
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Dejad de tener miedo y abrazad el futuro de una vez por todas.
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No hay posibilidad alguna de arrancar las uñas a una adolescente embarazada sin sentir placer
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El dinero no puede satisfacer el corazón del hombre, sino el buen uso que de él se hace, es esto lo que produce la verdadera satisfacción
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Cuando sopla la brisa de mi corazón enamorado, sonreís lentamente como si recordarais.
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La base de toda educación es cuestión de corazón.
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Dios no abandona a ninguno; quien a Él recurre con el corazón limpio del pecado y con la oración bien hecha, obtendrá todo lo que necesite
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Para trabajar con éxito, téngase caridad en el corazón y paciencia en la ejecución
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Recordad que la educación depende de la formación del corazón.
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Quien se preocupa mucho de su cuerpo y poco de su alma, acaba por caer en los brazos del demonio
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Si eres mi sangre cómo no estás en mis venas, pasando y repasando mi corazón que no duerme.
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Y el corazón a cada latido amanece una esperanza nueva que tiene algo del cielo.
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No necesitamos aprender a respirar. No necesitamos recordarle a nuestros corazones que deben latir. Tampoco necesitamos aprender a escuchar buenos cuentos y mucho menos a contarlos nosotros mismos. El cuento es una forma de comprensión característica de l
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La religión es para las personas sin razón
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Ya que era llegado el tiempo en que de nacer había, así como desposado de su tálamo salía, abrazado con su esposa, que en sus brazos la traía, al cual la graciosa Madre en su pesebre ponía
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Bienaventurado el que, dejando a parte su gusto e inclinación, mira las cosas en razón y justicia para hacerlas