Nuestra conducta es la única prueba de la sinceridad de nuestro corazón.
Frases célebres sobre: raz. [Página 119]
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Cuando un hombre se da cuenta de que su padre tal vez tenía razón, normalmente tiene un hijo que cree que está equivocado.
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Los prejuicios, y es bien sabido, son difíciles de erradicar del corazón de aquellos que nunca han fertilizado su educación. Crecen allí, firmes como malas hierbas entre rocas.
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El recuerdo es un veneno que se forma en nuestra alma y va aniquilando la sensibilidad del corazón.
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No existe error más absurdo y, no obstante, más arraigado en el corazón humano, que el de creer que los sufrimientos favorecen la salvación espiritual.
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Se estaba muriendo de una enfermedad no menos mortal que las que aparecen en un obituario; de una herida interior incurable: tenía destrozado el corazón.
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El amor es una forma de sufrimiento. Es absoluto como la fe; es la razón de la vida y debe existir por sí mismo
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¡Qué frágil es el corazón que arde, embriagado de intentos y anhelos!
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Es insensato lamentarse, aunque estemos condenados a partir: lo único sensato es recibir el recuerdo de alguien en el corazón.
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Cuando me senté bajo una extraña bóveda de árboles, con la nada como compañía, sin amor ni amigos, mi corazón se volvió de pronto hacia ti, y sentí tu amistad, un lazo suave sobre mis manos.
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Amar es dar la razón al ser amado que no la tiene
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No te preocupes por mí, ven todas las noches a la puerta del pasadizo, pues cada noche te daré nuevas noticias. Mi actividad es incansable, mi corazón y mi espíritu arden por defender la causa.
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Me vi abrumado de felicitaciones, bendiciones y abrazos. Yo lo recibí todo con manos temblorosas, labios fríos, cerebro vacilante y un corazón que se me había vuelto de piedra. Todo desfilaba ante mí como un sueño. Observaba aquel desfile sin pensar siqui
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La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón... Es la lengua universal de la humanidad.
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Y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí! El loco berretín que tengo para vos: ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Cuando anochezca en tu porteña soledad, por la ribera de tu sábana vendré con un poema y un trombón a desvelarte el corazón.
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Cuando fui con todos mis kilos de sonatas y sinfonías bajo el brazo y se los di, le dije: Maestra, éste es mi premio, lo recibí yo, en fin, aquí están mis obras.
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Yo siempre fui un adiós... Un brazo en alto, un yaraví quebrándose en las piedras cuando quise quedarme vino el viento vino la noche y me llevó con ella.
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Creo que España no debe pedir perdón. ¿Por qué? Se trata de otra España. Hubo un mestizaje histórico que se dio así, entonces no veo la razón de por qué pedir perdón, si acaso deberían pedirlo los abuelos de los mexicanos, que son más responsables que los
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La sabiduría y la razón hablan; la ignorancia y el error ladran
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Mi bandoneón es como tener una mujer en los brazos. Lo acaricio, le pego. La excitación rítmica me lleva a eso.