El misionero es el enviado del Hijo de Dios, que predica la paz, que por doquiera difunde la caridad, y que ofrece felicidad a los que lo escuchan. Sólo para sí guarda los padecimientos.
Frases célebres sobre: rec. [Página 431]
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Mis ideas acerca del futuro crecen como burbujas de sustancia. Por qué seguir; la escena ha terminado, y ahora que ya no necesito nada si acaso respirar la luz del día, ahora, cuando descubro que esa luz no acaba, sé que el camino existe porque por él ava
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Hace algún tiempo persiguen tus recuerdos mis caminos y sudan bajo el sol, tras mis talones los días más felices ya vividos.
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No he madurado, no he aprendido a crecer, no he dejado de ser una niña pero te amo tanto como una mujer.
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Y no creáis, por cierto, que valéis menos porque los de Ciro, que antes se alineaban con nosotros, ahora hayan desertado. Pues éstos son peores incluso que los derrotados por nosotros; al menos en aquella batalla huyeron en dirección a aquéllos, tras habe
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Estirar la mano hasta llegar a las estrellas, con demasiada frecuencia, hace olvidar las flores en sus pies.
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El problema del socialismo en el mundo de hoy no parece consistir en cómo instaurarlo para hacer la revolución, sino en cómo instaurarlo, y, a pesar de ello, hacer la revolución.
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Los pueblos serán felices y dichosos si la benevolencia y el verdadero afecto estrechan sus corazones.
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Reclutaré almas generosas que quieran servir a Dios de balde.
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Tengan presente que trabajan por Dios y para Dios y de este modo trabajarán con celo y con gusto en medio de los sinsabores y espinas que ofrece el grave cargo del magisterio.
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En la corrección cuida mucho de no ruborizar ni humillar a tus alumnas.
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Hace tiempo que tengo ofrecido a Dios el sacrificio de mi reputación y hasta de mi vida.
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Para que los pueblos sean felices y dichosos, no basta que el interés material ponga en contacto a los unos con los otros; es necesario además que la benevolencia y el verdadero afecto estreche sus corazones.
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En estas dos cosas, principalmente, se parecen los hombres a Dios; en decir la verdad y hacer el bien.
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Hace tiempo que me he consagrado a defender los derechos de la raza negra, a la que amo en Jesucristo que es el mejor y más desinteresado amor.
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Nada tengo, te entregué para siempre el derecho a disponer de mi propia voluntad.
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Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.
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La igualdad en la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea precisado a venderse
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Bella -le dijo esta dama, que era un hada poderosa-, ven a recibir el premio de tu buena elección: has preferido la virtud a la belleza y a la inteligencia, y por tanto mereces hallar todas estas cualidades reunidas en una sola persona.
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Uno puede recobrarse del orgullo, la cólera, la gula y la pereza; pero es una especie de milagro que se corrija un corazón maligno y envidioso.