Afuera los pibes en la ciudad, creo que no sueñan, no sueñan más. No quiero dólares nena, vuelvo a casa a soñar con vos. Y en casa grito: me hundo, me hundo, me hundo.
Frases célebres sobre: res. [Página 817]
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No hay nadie en el espejo que me pueda responder, no hay nada en ningún lado y eso lo sabes muy bien por eso lo que amamos lo volvemos a perder.
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Los hombres van de putas para sentirse varones.
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Gente sin swing, son como halcones. Pueden fingir hasta que llores, pero mi amor, son impostores. Y aunque te inviten su mesa, no estarán de tu lado. Y aunque lo juren y prometan, no estarán de tu lado.
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Fácilmente se contraen hábitos de lujo y difícil se hace después prescindir de ellos, cuando se han convertido en necesidad
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Si hay amor puede presidirse de la felicidad. La vida es buena, inclusive con penas
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La vida es un paraíso, pero los hombres no lo saben ni se preocupan de saberlo
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Hermanos, no temáis al pecado de los hombres; amad al hombre aún en su pecado, pues un tal amor aseméjase a Dios.
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El hombre se complace en enumerar sus pesares, pero no enumera sus alegrías.
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Los celosos son los primeros que perdonan, todas las mujeres lo saben.
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Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular.
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En dos segundos me ha hecho usted feliz para siempre. Si, feliz. Quien sabe, quizá me ha reconciliado conmigo mismo, quizá ha resuelto mis dudas... Quizá hay también para mi minutos así...
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En vano escarba el soñador en sus viejos sueños, como si fueran ceniza en la que busca algún rescoldo para reavivar la fantasía, para recalentar con nuevo fuego su enfriado corazón y resucitar en él una vez más lo que antes había amado tanto, lo que conmo
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El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor.
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Amigos míos, pedid a Dios la alegría. Sed alegres como los niños, como los pájaros del cielo
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Sólo por el respeto de sí mismo se logra el respeto de los demás
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No todas las criaturas de Dios son hermosas; de hecho, la mayoría de las criaturas de Dios son simplemente presentables
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Porque si todas las plantas, flores, hojas y pájaros pasearan juntos, habría una multitud danzando al son de la música.
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El jardín le parecía extraño y le daba la sensación de estar a cientos de millas del resto del mundo; pero no se sentía sola. Su única preocupación era saber si las rosas volverían a florecer. Ella no quería un jardín sin vida; lo quería cubierto de rosas
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Cuando los nuevos pensamientos echaron fuera todos esos horribles temores, la vida renació en él. La sangre corrió por sus venas y le inundó una enorme fuerza. Su pensamiento científico no tenía nada de extraño. Era una fórmula simple y práctica de desech