Me levantaré como las mujeres de quienes provengo. Una y otra vez, cuantas veces sea necesario, como el Ave Fénix, y mi nueva canción será aún más dulce que la última.
Frases célebres sobre: res. [Página 975]
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Sé que hay muchas preguntas sin respuestas, que la esperanza no se va conmigo, y sobre todo que mi misión no termina con mi historia física.
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Cada uno de nosotros sólo será justo en la medida en que haga lo que le corresponde.
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El pasado tiene sus códigos y costumbres.
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La ciencia humana consiste más en destruir errores que en descubrir verdades.
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Tal es mi decisión: lo que es por mí, nunca tendrán los criminales el honor que corresponde a los ciudadanos justos; no, por mi parte tendrá honores quienquiera que cumpla con el estado, tanto en muerte como en vida.
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A nosotros, oh rey, nos parece esto motivo de temor, pero mientras no lo conozcas del todo por boca del que estaba presente, ten esperanza.
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La juventud se alimenta de pasto de flores.
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El que prescinde de una amigo es como el que prescinde de su vida.
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Yo también cuando era joven, dejaba la lengua ociosa y hacía obrar a la mano; más ahora, al tocar la realidad, veo que los hombres, la lengua, no el trabajo, es la que todo lo gobierna.
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Piense joven y en la búsqueda de las tres alegrías: la creación, la compra y la venta
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Usted mismo en primer lugar, la empresa segunda
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Estábamos tan pobres, con un débil capital de un millón de yenes, y éramos muy conscientes de que corríamos un riesgo inmenso
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Si contratas solo a personas que entiendes, la compañía nunca tendrá personas mejores que tú. Recuerda siempre que a menudo encuentras personas brillantes entre las que no te gustan demasiado
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Si yo hubiese tenido que manejar mi empresa, me habría ido muy rápido a la bancarrota
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Huye de los placeres que engendran tristeza.
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Si sois prudentes observaréis atentamente a los hombres para que no os oculten lo que piensan.
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Manda cuando hubieres aprendido a obedecer
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Me gusta trabajar, y no porque yo sea presidente me voy a privar de ese placer
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Amaba el olor del combustible, que apestaba, el ruido que hacía, las nubes de humo que lanzaba, y me pasaba horas agachado observando la máquina mientras mi abuelo me apresuraba a volver a casa