La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer.
Frases célebres sobre: res. [Página 989]
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La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.
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Donde no hay más que una mañosa astucia, necesariamente hay mezquindad. Decir astutos es decir mediocres
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La música expresa aquello que no puede decirse con palabras pero no puede permanecer en silencio.
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Los hombres pasan, los recuerdos quedan, como quedan las obras de los que algo hacen.
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Yo les digo a las mujeres que traten de no deprimirse, porque la depresión es la peor enemiga del amor. Y sin amor, no hay vida
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Era flaquita, negrita, linda. Bah, en realidad linda no fui nunca. Era más bien interesante, pícara, atractiva
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No le hice mal a nadie. Habría que ver cuáles son las malas palabras. Hay otras peores que las que digo yo: como hambre, guerra, enfermedad
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La vida es aprendizaje, cuando dejes de aprender, mueres.
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Las guerras son comenzadas por hombres asustados.
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Tengo la esperanza de que el rock evolucione y se descubra un cuarto acorde, porque hacer música con sólo tres acordes es difícil, ¿Verdad?
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Las bellas mujeres merecen aunque sea una mirada.
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A las brutalidades del progreso llámanselas revoluciones. Cuando han terminado se reconoce que el género humano ha sido zarandeado, pero ha avanzado.
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El fin del arte es casi divino: resucitar, si hace historia; crear si hace poesía.
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En tus telares, Angelita, hay tiempo, lágrima y sudor están las manos ignoradas de éste, mi pueblo creador.
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Aprendí el vocabulario del amo, dueño y patrón, me mataron tantas veces por levantarles la voz, pero del suelo me paro, porque me prestan las manos, porque ahora no estoy solo, porque ahora somos tantos.
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La fidelidad de muchos hombres se basa en la pereza, la fidelidad de muchas mujeres en la costumbre.
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Me apenan los hombres que mueren sin querer morir
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Yo soy un cacho de Buenos Aires
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El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable.