Alegría y amor son las alas de las grandes empresas.
Frases célebres sobre: ría. [Página 269]
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Amor mío, ¿quién osaría decir: Creo en Dios ? Puedes preguntar a sacerdotes y sabios, y su respuesta no parecerá sino una burla dirigida al preguntador.
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Le diría al instante. ¡Permanece, eres tan hermoso!
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Si los hombres, una vez que han llegado a la verdad, no volviesen a retorcerla, me daría por satisfecho.
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Y aunque yo tuviera el alma llena de las más dulces sensaciones, no sabría hacer feliz a quien en la suya no tuviera nada.
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Los poetas jóvenes, en vez de preguntarse constantemente si tal asunto ha sido ya tratado y recorrer los puntos cardinales en busca de sucesos inauditos, deberían hacer algo con asuntos sencillos. Lo que pasa es que hacer algo con un asunto sencillo tratá
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La multitud no envejece ni adquiere sabiduría: siempre permanece en la infancia.
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La alegría y el amor son dos alas para las grandes acciones.
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Ésta es la última conclusión de la sabiduría: la libertad y la vida se merecen si se las conquista todos los días.
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...y el lunes al café del desayuno - vuelve la guerra fría - y al cielo de tu boca el purgatorio
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Ni aún el genio más grande iría muy allá si tuviera que sacarlo todo de su propio interior.
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Si se quisieran estudiar todas las leyes, no habría tiempo material de infringirlas.
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Si la mañana no nos desvela para nuevas alegrías y, si por la noche no nos queda ninguna esperanza, ¿es que vales la pena vestirse y desnudarse?
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Bueno es tener la alegría en casa y no haber menester de buscarla fuera.
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Ni aun el genio más grande llegaría muy lejos si tuviera que sacarlo todo de su propio interior.
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Los sufrimientos serían menores entre los humanos si éstos dedicasen su fantasía con menos ahínco en evocar el recuerdo de males pretéritos, antes que en hacer soportable un presente anodino.
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La sabiduría se halla sólo en la verdad.
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Las grandes pasiones son enfermedades incurables. Lo que podría curarlas las haría verdaderamente peligrosas.
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Yo nunca me conformaría con ser un macho para usted y sé que jamás lograría despertar su amor.
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Aunque un marido viviera más de cien años nunca podría saber nada de la verdadera existencia de su mujer. Podrá conocer el mundo, el universo, pero nunca a esa persona que convive con él.