Un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto.
Frases célebres sobre: sue. [Página 124]
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El mal que hacen los hombres les sobrevive; el bien suele ir juntamente con sus huesos a la sepultura.
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Los pensamientos no son más que sueños, en tanto que no se ponen a prueba
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El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia.
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La ambición en sí, no es realmente más que la sombra de un sueño.
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La lluvia ligera suele tener duración larga, pero las grandes tempestades son repentinas.
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Estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra pequeña vida termina durmiendo.
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Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños.
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La ira es un caballo fogoso; si se le da rienda suelta, se agota pronto por un exceso de ardor.
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En el desierto encontré a una criatura, desnuda, bestial, que, agachada en el suelo, sostenía entre las manos el corazón, y lo mordía. Le pregunté: ¿Está bueno, amigo? Está muy amargo, me respondió; Pero me gusta Porque está amargo, Y porque es mi corazón
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Soy gran creyente en la suerte, y he descubierto que mientras más duro trabajo, más suerte tengo.
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Soy gran creyente en la suerte, y he descubierto que cuanto más duro trabajo, más suerte tengo
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La gente perdona los errores, porque los errores suelen ser cosas de la mente, del juicio. Pero no se perdonan fácilmente los errores del corazón, la mala intención, los malos motivos, la justificación que por orgullo pretende encubrir el error.
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Y en ese momento -susurró-, pronunciaste mi nombre en sueños. Lo dijiste con tal claridad que por un momento creí que te habías despertado, pero te diste la vuelta, inquieta, musitaste mi nombre otra vez y suspiraste. Un sentimiento desconcertante y asomb
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Las computadoras no resuelven los problemas, pero capacitan a las personas para hacerlo.
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Los ordenadores no resuelven los problemas, pero capacitan a las personas para hacerlo
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Sus ojos, cazadores de imágenes, están albergando un sueño, una vez acojas las ideas anhelantes en ti, para modelar la sangre...
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¡Mofaos de mi suave trabajo! Pero primero debo admitir que entre sueños te he visto y desde el alma te llevo.
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Y no busques alejar de mí al hermano - ¿Aún en el sueño percibí tu mirada? -, a quien encadenas ferviente a una absurda tarea, revistiéndole con tus deseos de ropajes de esclavo.
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Con gratitud sentimos el susurro leve de las gotas con que el vestigio de un destello nos cae de las copas y oímos y miramos en instantes mudos golpear en el suelo los frutos maduros.