Nunca jamás una carta a nadie, un mensaje, un retrato, ni la más leve esperanza. Siempre, a través de los años, el mismo silencio, la misma espera sin fin. Tan sólo aquel airoso caballo negro y aquella alegre yegua blanca que, al caer la tarde, solían mir
Frases célebres sobre: tar. [Página 271]
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Melancolía: manera romántica de estar triste
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Con frecuencia el hombre cree estar conduciéndose a sí mismo cuando es conducido, y mientras con su mente tiende a una meta, su corazón le arrastra insensiblemente hacia otra.
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Es preciso estar siempre presto a declarar la guerra, para que no nos veamos obligados a la desgracia de tener que aceptarla.
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Ningún poder humano puede jamás violentar el sagrario impenetrable de la libertad del corazón.
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La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.
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Lo que hace que los amantes no se aburran nunca de estar juntos es que se pasan el tiempo hablando siempre de sí mismos.
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Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.
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Hay ocasiones en la vida en las que para salir airosamente hace falta estar un poco loco
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Casi todos nuestros errores son más perdonables que los métodos que discurrimos para ocultarlos.
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Todos poseemos suficiente fortaleza para soportar la desdicha ajena.
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Si algo nos ha enseñado la historia es que se puede matar a cualquiera.
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Las finanzas son un arma de fuego. La política es saber cuándo apretar el gatillo.
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Se necesitan virtudes más grandes para soportar la prosperidad que la suerte adversa.
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Todos tenemos fortaleza suficiente para soportar los males ajenos.
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Pocos son los que conocen la muerte; es algo que no suele aceptarse por decisión propia, sino por estolidez y por costumbre, y la mayoría de los hombres mueren porque no hay remedio para la muerte.
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El orgullo es igual en todos los hombres, sólo varían los medios y la manera de manifestarlo.
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Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
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El arte más profundo de un hombre hábil es el de saber ocultar su habilidad.
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Si se examinan bien los diversos efectos del tedio, se descubrirá que éste nos hace faltar a más deberes que el interés.