La justicia es la administración de la fuerza.
Frases célebres sobre: tic. [Página 234]
Hay un total de 6638 freses célebres sobre "tic" este sitio web. [Página 234]
-
-
La justicia es la sanción de las injusticias establecidas.
-
Comprendí que la sed de disfrutar que nace en cada momento de voluptuosidad, se anticipa al gozo, de la misma manera como existen respuestas listas para cualquier pregunta.
-
No hay que creer que los demás, cuando compran masivamente unas acciones, saben más o están mejor informados. Sus causas pueden ser tan diferentes que es prácticamente imposible sacar consecuencias de ello
-
El jugador de Bolsa es táctico; el especulador, el estratega. Cuando uno se traslada al terreno del otro, no tendrá éxito ninguno de los dos
-
En la política es a veces como en la gramática: un error en el que todos incurren finalmente es reconocido como regla.
-
El buen crítico es aquel que cuenta las aventuras de su alma en medio de las obras maestras.
-
El buen público está formado por gran número de males particulares
-
El bien público está formado por gran número de males particulares
-
El bien público está formado por buen número de males particulares
-
Todo artista es tan múltiple que el crítico no puede dejar de encontrar en él lo que busca resueltamente y a priori.
-
No hay secretos para triunfar. En la práctica todas las teorías se derrumban. Todo se reduce a la suerte y a una larga paciencia.
-
La crítica del jefe por el subordinado debe ser un accidente, no un hábito
-
Al demostrar a los fanáticos que se equivocan no hay que olvidar que se equivocan aposta.
-
Los profesionales de la Bolsa presentan cada noticia del modo que mejor les va
-
En sus reacciones, la Bolsa se comporta con frecuencia como el borracho: llora con las buenas noticias y se ríe de las malas
-
En política todo es posible, incluso lo contrario de ese todo
-
Las noticias falsas son peligrosas, pero una falsa exposición de noticias correctas es todavía más peligrosa
-
Hay muy pocos monstruos que garanticen los miedos que les tenemos.
-
La guerra y el romanticismo: ¡plagas espantosas!