La especie más temible de los vanidosos es la de los que tienen, en efecto, motivos para su vanidad
Frases célebres sobre: vanid. [Página 4]
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La avaricia y la vanidad son los oficiales de alistamiento de la maldad: una vez pagado el dinero, la conciencia escapa corriendo.
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La vanidad dice al hombre lo que es honor; la conciencia le dice lo que es justicia
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El vanidoso necesita de los demás, busca en ellos la confirmación de la idea que quiere tener de sí mismo.
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Cuando los grandes hombres se dejan abatir por la duración de sus infortunios, demuestran que sólo los soportaban por la fuerza de su ambición, y no por la de su ánimo, y que, sin más diferencia que una gran vanidad, los héroes son iguales que los demás h
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El orgullo, que tanto alienta nuestra vanidad, nos sirve a menudo para moldearla.
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La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad.
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Hablamos muy poco, excepto cuando la vanidad nos hace hablar.
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Esa clemencia, de la que se hace una virtud, a veces se practica por vanidad, otras por pereza, a menudo por miedo, y casi siempre por esas tres razones juntas.
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El orgullo se resarce siempre y no pierde nada, incluso cuando renuncia a la vanidad.
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Lo que se llama liberalidad no es por lo regular sino la vanidad de dar, vanidad que preferimos a lo que regalamos.
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No iría muy lejos la virtud si la vanidad no la acompañase.
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La virtud no iría muy lejos si la vanidad no le hiciera compañía.
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Lo que nos hace insoportable la vanidad ajena es que hiere la propia.
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Eso que se denomina liberalidad no es muchas veces más que la vanidad de dar
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La vanidad es la base de toda revolución, la libertad no es más que un pretexto
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Para escribir historia hace falta ser más que un hombre, pues quien agarra la pluma de esta gran justiciera, debe estar libre de intereses, vanidades y prejuicios.
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La masa busca al líder, no porque lo estime sino por interés; y el líder acepta a la masa por vanidad o por necesidad.
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Como Antístenes, filósofo cínico, tuviese la capa rota y la anduviese enseñando a todos, díjole Sócrates: Por la hendidura de tu capa conozco tu vanidad. Quiso dar a entender que peor era aquella presunción que tenía enseñando su capa rota, que si trajera
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La vanidad es tan fantástica, que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados.