Sólo lo diré una vez. No lo había dicho nunca antes, pero esta clase de certeza solo se presenta una vez en la vida
Frases célebres sobre: vid. [Página 265]
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El mundo se divide en dos, Tuco: los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo, así que ya puedes coger la pala
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Los que ejercitan el bien con el desgraciado, no pueden medir nunca la magnitud de una sola palabra de bondad, una sonrisa de dulzura que para el caído, para el infeliz, es como el rayo de sol que vuelve la vida a los miembros entumecidos por el hielo de
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El que acepta sufrir, sufrirá la mitad de la vida; el que no acepta sufrir, sufrirá durante su vida entera.
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Cuando uno no sabe aún lo que es la vida, ¿cómo podría conocer lo que es la muerte?
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Cuando las familias individuales han aprendido la bondad, entonces la nación entera ha aprendido la cortesía.
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Si todavía no conocemos la vida, ¿cómo podremos conocer la muerte?
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Sabemos tan poco acerca de la vida. ¿Cómo podremos saber algo acerca de la muerte?
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Nunca olvidéis, discípulos, que un gobierno opresor es más cruel que un tigre.
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La vida es horrible
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Es propio de los necios ver los vicios ajenos y olvidar los propios.
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Quiero arrancar la máscara de los astros y el tiempo, desentrañar el fuego de la común hoguera de la vida y la muerte, y poseer la esencia, lo absoluto, lo eterno.
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¿Qué momento de vida es distinto de un trabajo forzado que un preso realiza sin saber si algún día redimirá con él una culpa desconocida?
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Queremos olvidar para siempre la pena, evadir el misterio de la humana diferencia, rechazar a destajo el límite de nuestra naturaleza.
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A veces el poema es el objeto o don y con más evidencia pone de manifiesto ese propósito: dar luz a una palabra sin quitarle su magia o ser depositario de una visión o de un sentir, que toma cuerpo en sílabas contadas.
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Si todavía no conocemos la vida, ¿cómo vamos a conocer la muerte?
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Oigo y olvido. Veo y aprendo. Hago y entiendo.
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Si no conocemos todavía la vida, ¿cómo va a ser posible conocer la muerte?
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¡Oh, cómo envidio siempre a Leipzig y su música!
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La primera mitad de nuestra vida nos la estropean nuestros padres; la segunda nuestros hijos.