Pero al amor no basta con darle cuerda y mirarlo, no esperes más a las agujas del reloj que a ellas no les importas tú ni nadie
Frases célebres de Amaia Montero. [Página 5]
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Es un reloj roto, tu corazón sólo es un reloj que hay que poner en hora para que no llegue tarde al amor esta vez
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Qué recordarás las tardes de invierno por Madrid, las noches enteras sin dormir, la vida pasaba y yo sentía que me iba a morir de amor al verte sentado en mi portal
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Nunca hubo maldades, sólo ingenuidad
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Cuando el silencio venga a por mí, en silencio voy a construir una vida a todo color donde vivamos juntos los dos
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Y en el momento que vi tu cara buscando mi cara, la madrugada del 20 de enero saliendo del tren; me pregunté que sería sentir el resto de mi vida, y desde entonces te quiero, te adoro y te vuelvo a querer
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Te perdí, y no te perderé; nunca más te dejaré
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Te busqué muy lejos de aquí; te encontré pensando en mí...
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Yo quiero quererte o morir
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Por eso esperaba con la carita empapada que llegaras con rosas
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Escapando una noche de un bostezo del sol, me pediste que te diera un beso, con lo baratos que salen mi amor que te cuesta callarme con uno de esos; pasaron seis meses y me dijiste adiós: un placer coincidir en esta vida
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Te juro que a nadie le he vuelto a decir que tenemos el record del mundo en querernos
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El amor verdadero es tan sólo, el primero, los demás, son sólo para olvidar
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Igual que el mosquito más tonto de la manada, yo sigo tu luz aunque me lleve a morir; te sigo como le siguen los puntos finales a todas las frases suicidas que buscan su fín
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Sería posible que yo en el peor de los casos, le hiciera una llave de judo a mi pobre corazón, haciendo que firme llorando esta declaración
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Igual que el mendigo que creé que el cine es un escaparate, igual que una flor resignada decora un despacho elegante
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Prometo llamarle amor mío al primero que no me haga daño, y reír será un lujo que olvide cuando te haya olvidado
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Me gustaría inventar un país contigo, para que las palabras como patria ó porvenir, bandera, nación, frontera, raza ó destino, tuvieran algún sentido para mí
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Me encantaría que nuestro país tuviera un arsenal inmenso de caricias bajo el mar; para que al caer la noche yo encienda dos velas para invadirte por sorpresa en la intimidad
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Si tú también lo sientes, si a ti también te apetece, no lo pienses, vámonos, ya somos dos