Y sonrío y me callo porque, en último extremo, uno tiene conciencia de la inutilidad de todas las palabras.
Frases célebres de Ángel Gonzalez.
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Cuando tengas dinero regálame un anillo, cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca, cuando no sepas qué hacer vente conmigo, pero luego no digas que no sabes lo que haces.
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Cierro los ojos para ver y siento que me apuñalan fría, justamente, con ese hierro viejo: la memoria.
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Allí, en la esquina más negra del desamparo, donde el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras, los recuerdos me asaltan.
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Te llaman porvenir porque no vienes nunca.
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A mano amada, cuando la noche impone su costumbre de insomnio y convierte cada minuto en el aniversario de todos los sucesos de una vida.
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Ninguna era tan bella como tú durante aquel fugaz momento en que te amaba: mi vida entera.
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Aquí no pasa nada, salvo el tiempo.
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No fue un sueño, lo vi: La nieve ardía.
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¿A qué llorar por el caído fruto, por el fracaso de ese deseo hondo?
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Para vivir un año es necesario morirse muchas veces mucho.
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Mi corazón: tu nido. Muerde en él, esperanza.
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No es bueno repetir lo que está dicho. Después de haber hablado, de haber vertido lágrimas, silencio y sonreíd: Nada es lo mismo.
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Desearía mirarme con las pupilas duras de aquel que más me odia, para que así el desprecio destruya los despojos de todo lo que nunca enterrará el olvido.
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Entré en tu cuerpo lleno de esperanza para admirar tanto prodigio desde el claro mirador de tus pupilas.
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Creo en ti. Eres. Me basta.
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Pero si tú me olvidas quedaré muerto sin que nadie lo sepa. Verán viva mi carne, pero será otro hombre, oscuro, torpe, malo, el que la habita...
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Donde pongo la vida pongo el fuego de mi pasión volcada y sin salida.
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Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
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Si yo fuera Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti.