¡Y bien! ¿Qué nadie vive aquí? Entonces, ¿quién riega las macetas, quién lava los corredores, quién barre el patio?
Frases célebres de Carlos Pellicer Cámara.
Carlos Pellicer Cámara fue un escritor, poeta, museólogo y político mexicano.
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Tú eres más que mis ojos porque ves lo que en mis ojos llevo de tu vida. Y así camino ciego de mí mismo iluminado por mis ojos que arden con el fuego de ti.
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Hoy que has vuelto, los dos hemos callado, y sólo nuestros viejos pensamientos alumbraron la dulce oscuridad de estar juntos y no decirse nada.
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Hoy que has vuelto, los dos hemos callado...
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Toda en mis ojos brilla la desnudez de tu presencia.
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Yo no sé caminar sino hacia ti, por el camino suave de mirarte.
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Tú eres más mis ojos porque ves lo que en mis ojos llevo de tu vida.
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Apenas te conozco y ya me digo: ¿Nunca sabrá que su persona exalta todo lo que hay en mí de sangre y fuego?
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Yo leía poemas y tú estabas tan cerca de mi voz que poesía era nuestra unidad y el verso apenas la pulsación remota de la carne.
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Que se cierre esa puerta que no me deja estar a solas con tus besos.
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No hablaba de Grecia como una sucesión de fechas y héroes si no se refería a la vida cotidiana de las personas.
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Si los muralistas tenían una personalidad tan imponente como sería Vasconcelos que había podido reunir a su alrededor intelectuales de primera línea.
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Las cosas por sí mismas manejan su propia retórica y su elocuencia es su patrimonio intrínseco.
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El poema es la declaración pasional mas grande que un hombre puede hacer a un héroe: la admiración mas rendida en medio de una tristeza que hubiera querido ser grandiosa.
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Estos mayos y abriles se alargan hasta octubre. Todo el Valle de México de colores se cubre y hay en su poesía de otoñal primavera un largo sentimiento de esperanza que espera.
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Nada nos hiere tanto como hallar una flor sepultada en las páginas de un libro. La lectura calla; y en nuestros ojos, lo triste del amor humedece la flor de una antigua ternura.
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Al fin de la mirada se acomoda la paloma de un templo en la colina. A la izquierda la sierra cambia azules temerosos. Y a veces, se ilumina y lava sus colores y se pone desnuda a recordar senderos y relieves.
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Tu cuerpo es el país de las caricias, en donde yo, viajero desolado - todo el itinerario de mis besos - paso el otoño para no morirme, sin conocer el valor de tu ausencia como un diamante oculto en lo más triste.
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En la destruida alcoba de tu ausencia pisoteados crepúsculos reviven sus harapos, morados de recuerdos.
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Sin la ausencia presente de un pañuelo se van los días en pobres manojos. Mi voluntad de ser no tiene cielo.