¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si en la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida!
Frases célebres de César Vallejo.
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Yo nací un día que Dios estuvo enfermo.
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Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
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¡Llegué a confundirme con ella, tanto! Por sus recodos espirituales, yo me iba jugando entre tiernos fresales, entre sus griegas manos matinales.
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El literato de puerta cerrada no sabe nada de la vida. La política, el amor, el problema económico, el desastre cordial de la esperanza, la refriega directa del hombre con los hombres, el drama menudo e inmediato de las fuerzas y las direcciones contraria
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Reanudo mí día de conejo, mi noche de elefante en descanso.
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Aquella noche de setiembre, fuiste tan buena para mí... ¡Hasta dolerme!
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¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores; soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí.
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Pues de resultas del dolor, hay algunos que nacen, otros crecen, otros mueren, y otros que nacen y no mueren, otros que sin haber nacido mueren y otros que no nacen ni mueren son los más.
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¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres?
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¡La tumba es todavía un sexo de mujer que atrae al hombre!
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Pienso en tu sexo, surco más prolífico y armonioso que el vientre de la Sombra.
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¿Quién no habla de un asunto muy importante muriendo de costumbre y llorando de oído?
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¡Melancolía, deja de secarme la vida y desnuda tu labio de mujer!
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Ya no llores, Verano! En aquel surco muere una rosa que renace mucho...
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Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga, porque, como iba diciendo y lo repito, ¡tanta vida y jamás! ¡Y tantos años, y siempre, mucho tiempo, siempre, siempre!
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¡Tus pies son dos heráldicas alondras que eternamente llegan de mi ayer!
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¡Oh! Escándalo de miel de los crepúsculos. Oh, estruendo mudo.
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¡Pupitre, sí, toda la vida; púlpito, también toda la muerte!
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Mi dolor es el viento del norte y del viento del sur.