Solo son grandes entre los hombres el poeta, el sacerdote, el soldado. El hombre que canta, el hombre que sacrifica y que se sacrifica. E1 resto es digno del látigo. Desconfiemos del pueblo. del buen sentido, del corazón. de la inspiración y de la evidenc
Frases célebres de Charles Baudelaire. [Página 4]
Charles Pierre Baudelaire fue un poeta, crítico de arte y traductor francés. Fue llamado poeta maldito, debido a su vida de bohemia y excesos, y a la visión del mal que impregna su obra.
-
-
A propósito del sueño, aventura siniestra de todas las noches, puede decirse que los hombres se duermen diariamente con una audacia que parecería incomprensible si no supiéramos que es el resultado de la ignorancia del peligro
-
Un hombre que no bebe más que agua tiene un secreto que ocultar a sus semejantes
-
No hay más que dos medios para librarse de la pesadilla del paso implacable del tiempo: el placer y el trabajo. El placer agota y el trabajo fortifica
-
Un puerto es un lugar encantador para el alma fatigada de luchar por la vida
-
De este terrible paisaje, que jamás vieron ojos mortales, esta mañana la imagen vaga y lejana, todavía me maravilla
-
Lo irritante del amor estriba en que se trata de un crimen que requiere un cómplice
-
¡Ah qué grande es el mundo a la luz de las lámparas! ¡Y qué pequeño es a los ojos del recuerdo!
-
Ya que la imaginación ha creado el mundo, lo gobierna
-
La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.
-
El hombre de genio ha de obtener lo que necesita para no depender de nadie. Mas si obtenida esta tranquilidad pierde el tiempo en aumentar su fortuna, no es un hombre de genio, sino un miserable
-
Una sucesión de pequeñas voluntades consigue un gran resultado
-
Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse.
-
El más irreprochable de los vicios es hacer el mal por necedad.
-
No despreciéis la sensibilidad de nadie. La sensibilidad de cada cual es su genio.
-
El amor es la necesidad de salir de uno mismo
-
La amplitud del cielo, la arquitectura movible de las nubes, las coloraciones cambiantes del mar, el centelleo de los faros, son un prisma maravillosamente apropiado para distraer los ojos, sin cansarlos jamás