Uno podría pasarse la vida reflexionando sonbre si mismo, y no darse cuenta de que no lo merece.
Frases célebres de Elias Canetti. [Página 3]
Elias Canetti Escritor y pensador en lengua alemana, Premio Nobel de Literatura en 1981.
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Ellos no comprenden que la patria de él está dondequiera que haya estado y donde todavía desee estar.
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Desde que sabe que va a morir, no mira ya a nadie a la cara.
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Dios, ¿Cómo has soportado tu creación?
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Las utopías fenecidas. ¡Qué tiempos, cuando aún podías cuidarlas y mimarlas!
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La palabra más imprecisa de todas: yo.
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El que supera la alabanza, la merece.
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Nadie conoce toda la amargura de lo que aguarda en el futuro. Y si de pronto apareciera como en un sueño, la negaríamos apartando los ojos de ella. A esto le llamamos esperanza.
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El hombre: el único animal que recuerda lo que ha asesinado.
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Nadie conoce ni ha conocido nada de inmediato: lo que creemos conocer de pronto, ha estado largo tiempo con nosotros. Lo que verdaderamente importa es el conocimiento clandestino que alienta en todos nosotros.
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Uno no sabe nunca lo que resulta si las cosas cambian de repente; ¿pero sabe uno lo que resulta si no cambian?
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Todas las visiones pesimistas en la historia de los hombres nada tienen que hacer frente a la realidad. Ninguna de las antiguas religiones puede satisfacernos, todas ellas nacieron en periodos idílicos.
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Tantos hombres en la cabeza y todo lo que han dicho. Y, sin embargo, uno mismo tiene que encontrarlo otra vez y decirlo.
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No existe ningún dolor imposible, lo único infinito es el dolor.
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Todos se pusieron allí de monumentos, y allí se quedaron sin moverse. Luego llegó la nueva moda y todos comenzaron a temblar de nuevo.
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Una tormenta que dura toda una semana. Una oscuridad constante: sólo podemos leer entre relámpagos. Hemos de recordar e ir uniendo lo que leímos a relámpagos.
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¡Cabrones! ¿Queréis vivir eternamente? ¡Sí!
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La diferencia radica en que hoy todo puede ser fotografiado. Ninguna miseria puede ocultarse, todas son públicas. Sin embargo, este hecho significa que nos acostumbramos mejor a ellas.
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Nubes en lugar de ideas. Se forman sobre las cabezas de los pensadores, el viento se las lleva y se derraman sobre zonas áridas de ideas.
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Si leo a Maquiavelo, mi enemistad con el poder se adormece. Pero se trata de un sueño ligero, del cual siempre despierto a gusto.