Dios: una enfermedad de la que imaginamos estar curados porque nadie se muere de ella hoy en día.
Frases célebres de Emil Cioran. [Página 4]
Emil Mihai Cioran fue un escritor y filósofo de origen rumano, considerado el último gran exponente del pesimismo occidental.
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¿Quién se revela? ¿Quién se levanta en armas? El esclavo raramente, pero casi siempre el opresor convertido en esclavo.
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Escriba libros sólo si lo que va a decir en ellos usted nunca se lo confiaría a nadie.
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Una civilización se destruye sólo cuando se destruyen sus dioses.
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El deseo de morir era mi interés excluyente; a él le sacrifiqué todo, hasta la muerte.
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El crimen en plena gloria consolida la autoridad por el miedo sagrado que inspira.
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No reducirse a una obra; sólo hay que decir algo que pueda susurrarse al oído de un borracho o de un moribundo.
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Hubo un tiempo en que el tiempo no existía... El rechazo del nacimiento no es otra cosa que la nostalgia de ese tiempo anterior al tiempo.
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Hay un dios al principio, cuando no al cabo de toda alegría.
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Imposible asistir más de un cuarto de hora sin impaciencia a la desesperación de alguien
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Dios es una desesperanza que empieza donde terminan las otras.
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El destino del hombre es agotar la idea de Dios.
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El ser es un jamás absoluto.
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El escepticismo es la embriaguez del atolladero.
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Un libro es un suicidio aplazado.
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Si no poseo el gusto del misterio es porque todo me parece inexplicable, o mejor dicho, porque lo inexplicable es mi único sustento y estoy harto de él.
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A los últimos a quienes perdonamos su infidelidad es a aquellos a quienes hemos decepcionado.
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La verdad empieza por un conflicto con la policía, y termina cuando los llamamos para que intervengan.
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Los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a quienes no les han cortado la cabeza.
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Cuando se ha salido del círculo de errores y de ilusiones en el interior del cual se desarrollan los actos, tomar posición es casi imposible. Se necesita un mínimo de estupidez para todo, para afirmar e incluso para negar.