La imposibilidad de encontrar un solo pueblo, una sola tribu donde el nacimiento provoque duelo y lamentación, prueba hasta qué punto la Humanidad se encuentra en estado de regresión.
Frases célebres de Emil Cioran. [Página 5]
Emil Mihai Cioran fue un escritor y filósofo de origen rumano, considerado el último gran exponente del pesimismo occidental.
-
-
Qué orgullo descubrir que nada te pertenece: qué revelación.
-
Por todas las evidencias estamos en el mundo para no hacer nada.
-
El budismo llama mácula del espíritu, a la cólera; el maniqueísmo, raíz del árbol de muerte. Lo sé. ¿Y de qué me sirve?
-
El hombre despide un olor particular: de entre todos los animales sólo él apesta a cadáver.
-
Ser objetivo es tratar al prójimo como se trata a un objeto, a un muerto, es comportarse con él como un sepulturero.
-
Nunca estoy a gusto en lo inmediato, sólo me seduce lo que me precede, lo que me aleja de aquí, los innúmeros instantes en que yo no fui: lo no nato, en suma.
-
La mentira es una forma de talento.
-
La naturaleza, buscando una fórmula que pudiera satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie.
-
No vale la pena molestarse en matarse porque uno siempre se mata demasiado tarde.
-
Los dolores imaginarios son, con mucho, los más, reales ya que se les necesita constantemente y se inventan porque no es posible prescindir de ellos.
-
Amor es ese afecto desengañado que sobrevive tras un instante de baba
-
El límite de cada dolor es un dolor mayor.
-
Lo esencial surge con frecuencia al final de las conversaciones. Las grandes verdades se dicen en los vestíbulos.
-
La lucidez: martirio permanente, inimaginable proeza.
-
¿Es imaginable un ciudadano que no posea un alma de asesino?
-
El paraíso no era un lugar soportable, de lo contrario el primer hombre se hubiera adaptado a él; este mundo tampoco lo es, ya que en él se añora el paraíso o se da otro por seguro. ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? No hagamos nada, no vayamos a ningún sitio, así, s
-
Dios ha explotado todos nuestros complejos de inferioridad, comenzando por nuestra incapacidad de creer en nuestra propia divinidad.
-
Basta con que escuches en silencio y lo oirás todo. No existen ni verdad ni error, ni objeto ni figuración.
-
Me gustaría ser libre, inimaginablemente libre. Libre como un ser abortado.