Puedes ser invencible si nunca emprendes combate de cuyo regreso no estés seguro y sólo cuando sepas que está en tu mano la victoria.
Frases célebres de Epicteto. [Página 6]
Epicteto fue un filósofo griego, de la escuela estoica, que vivió parte de su vida como esclavo en Roma.
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No pretendas que las cosas sean como las deseas; deseálas como son
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No tengas sólo piedad de los ciegos y de los tullidos; tenla también de los malvados, que tienen la desdicha de ser inválidos de espíritu
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La felicidad consiste en ser libre, es decir, en no desear nada
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El hombre sensato espera siempre de los perversos mayor daño del que le infieren: si recibe una injuria, piensa que pudo ser golpeado; si lo golpean, piensa que pudieron herirlo; y si lo hieren, se consuela tambien porque piensa que pudieron arrebatarle l
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Un hombre no puede ser el dueño de otro hombre
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Pyrro acostumbraba a decir: <<No existe diferencia entre la vida y la muerte.>> Y como alguien le preguntase: <<¿Por qué no te matas entonces?<<, contestó: <<Porque no existe diferencia>>
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Nadie tiene tanto poder para persuadirte a ti como el que tienes tú mismo.
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Querer agradar a los demás es una trampa peligrosa.
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Es tan difícil a los ricos adquirir la sabiduría, como a los sabios adquirir las riquezas.
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Sólo las personas que han recibido educación son libres.
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No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino la opinión que se tiene de ellas.
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Sólo los instruidos son libres.
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Si quieres no frustrar tus deseos, tú puedes: sólo desear lo que depende de ti.
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Si no tienes ganas de ser frustrado jamás en tus deseos, no desees sino aquello que depende de ti.
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La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte.
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Todos los asuntos tienen dos asas: por una son manejables, por la otra no.
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En la prosperidad es muy fácil encontrar amigos, en la adversidad no hay nada más difícil.
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Reflexionad mucho antes de decir o hacer algo, porque no podréis remediarlo después de dicho o hecho.
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Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas; las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes, y enteramente ajenas.