La iglesia no es la asamblea de los puros, sino el hospital de los pecadores.
Frases célebres de Gilbert Keith Chesterton. [Página 2]
Gilbert Keith Chesterton , escritor británico de inicios del siglo XX. Cultivó, entre otros géneros, el ensayo, la narración, la biografía, la lírica, el periodismo y el libro de viajes.
-
-
La intolerancia puede ser definida como la indignación de los hombres que no tienen opiniones.
-
La madurez hace al hombre más espectador que autor de vida social.
-
La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta.
-
La teología es el pensamiento aplicado a la religión; y los que prefieren una religión sin pensamiento no tienen por qué desdeñar a los que tienen gustos más racionalistas.
-
La raza humana, a la que pertenecen tantos de mis lectores ...
-
La prueba de una buena religión es si puedes bromear acerca de ella.
-
La única educación eterna es ésta: estar lo bastante seguro de una cosa, para atreverse a decírsela a un niño.
-
Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo.
-
Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es maravillosa.
-
Lo más increíble de los milagros es que ocurren.
-
Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos.
-
Los enigmas de Dios son más satisfactorios que las soluciones de los hombres.
-
Muchos críticos de hoy han pasado de la premisa de que una obra maestra puede ser impopular, a la premisa de que si no es impopular no puede ser una obra maestra.
-
No existe en el mundo un tema que no sea interesante; lo que existen son personas que no lo son.
-
No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse.
-
Optimista es el que os mira a los ojos, pesimista, el que os mira a los pies.
-
Se dice que los ladrones respetan la propiedad. Sólo desean que la ajena se convierta en propia para respetarla mejor.
-
Siempre se ha creído que existe algo que se llama destino, pero siempre se ha creído también que hay otra cosa que se llama albedrío. Lo que califica al hombre es el equilibrio de esa contradicción.
-
Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. ¿Por qué no agradecíamos a Dios que llenara nuestros calcetines con nuestros pies?