A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro.
Frases célebres de Gilbert Keith Chesterton.
Gilbert Keith Chesterton , escritor británico de inicios del siglo XX. Cultivó, entre otros géneros, el ensayo, la narración, la biografía, la lírica, el periodismo y el libro de viajes.
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A los comienzos de toda discusión conviene fijar lo que ha de quedar fuera de la disputa; y quien la emprenda, antes de decir lo que se propone probar, ha de decir qué es lo que no desea probar.
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Ante un problema humano, los materialistas analizan la parte fácil, niegan la parte difícil y se van a casa a tomar el té.
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Bebed porque sois felices, pero nunca porque seais desgraciados.
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Desde la aurora del hombre todas las naciones han tenido gobierno, y todas se han avergonzado de sus gobiernos.
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Desear la acción es desear una limitación. En este sentido todo acto es un sacrificio. Al escoger una cosa rechazamos necesariamente algunas otras.
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Donde acaba la biología, empieza la religión.
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El criminal peligroso es el criminal culto.
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El hombre no debe consentir que en el Universo subsista lo que le causa temor.
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El infierno es el gran cumplido de Dios a la realidad de la libertad y elección humana
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El juego de ponerse límites a sí mismos es uno de los secretos placeres de la vida.
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El periodismo consiste en buena medida en decir Ha muerto el señor Jones a gente que no sabía que existiera un tal señor Jones.
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El silencio es la réplica más aguda.
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En todo placer y goce de la vida hay algo ficticio, como un esfuerzo o propósito personal para conseguir que aquello nos dé de veras satisfacción. Esta es la impureza del placer y, al mismo tiempo, una ley de vida.
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Es una prueba de cortesía escuchar disquisiciones sobre cosas que se conocen bien, de quien las ignora en absoluto.
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Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.
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La aventura podrá ser loca, pero el aventurero, para llevarla a cabo, ha de ser cuerdo.
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La Biblia nos dice que amemos a nuestros vecinos y a nuestros enemigos: probablemente porque se trata de la misma gente.
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La gente, por lo general, riñe porque no sabe discutir.
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La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza.