No debe llorarse más muerte que la de los hombres felices, es decir, de muy pocas personas.
Frases célebres de Gustave Flaubert. [Página 9]
Gustave Flaubert fue un escritor francés. Está considerado uno de los mejores novelistas occidentales y es conocido principalmente por su primera novela publicada Madame Bovary, y por su escrupulosa devoción a su arte y su estilo.
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La mujer es un vulgar animal del que el hombre se ha formado un ideal demasiado bello.
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El hombre con todo su genio y todo su arte, no es más que un miserable imitador de algo más elevado.
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Lo bello no puede estropear nada.
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El trabajo es nuestro mejor modo de escamotearnos a la vida.
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Estimo que el éxito con las mujeres es, de ordinario, una señal de mediocridad.
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Cuando miramos a la verdad de soslayo o de perfil, siempre la vemos mal. Son pocos los que saben contemplarla de frente.
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Uno tiene que ser muy ordenado y burgués en la vida privada para poder ser loco e inventivo en la vida creativa.
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La naturaleza exterior nos avergüenza: es de una serenidad desoladora para nuestro orgullo.
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Del mismo modo en que solemos mirar un reloj parado como si aúm andase, también le miramos la cara a una mujer bella como si aún nos amase.
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El amor es una planta de primavera que todo lo perfuma con su esperanza, incluso las ruinas por donde trepa.
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Yo me río de todo, hasta de lo que más me agrada. No existen cosas, hechos, sentimientos o personas por los que no haya pasado inocentemente mi bufonería, como un rodillo de hierro de esos para dar lustre las piezas de paño.
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No estoy con nadie, en ningún sitio, no soy de mi país y puede que tampoco del mundo. Aunque muchos me rodeen, sigo estando solo; por eso los huecos que dejó la muerte en mi vida no aportaron a mi alma un nuevo estado de ánimo, sino que acentuaron ese est
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Me gusta rodearme de recuerdos, de igual modo que no vendo mis trajes viejos. A veces subo a verlos al desván donde los guardo y recuerdo los tiempos en que aún estaban nuevos y en todas las cosas que hice cuando los llevaba.
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Si no me quisieras, me moriría; como me quieres, aquí estoy, escribiéndote que te detengas. Mi propia estupidez me da asco.
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No presumo de ir hacia un falso ideal de estoicismo, pero evito las ocasiones de sufrimiento y las atracciones peligrosas, de las que ya no se vuelve.
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El contemplar una vida que una pasión violenta -de la índole que sea- ha vuelto miserable es siempre algo más instructivo y altamente moral. Eso rebaja, con una ironía aullante, tantas pasiones banales y manías vulgares, que uno queda satisfecho al pensar
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Quisiera mandarte únicamente palabras dulces y tiernas, de esas suaves como un beso que algunos saben decir pero que, en mi caso, se quedan en el fondo del corazón y expiran al llegar a los labios. Si yo pudiera, cada mañana tu despertar se vería perfumad
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La patria, posiblemente, es como la familia, sólo sentimos su valor cuando la perdemos.
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Ser tonto, egoísta y tener buena salud, son las tres condiciones requeridas para ser feliz.