Asomaba a sus ojos una lágrima / y a mi labio una frase de perdón, / habló el orgullo y se enjugó su llanto, / y la frase en mis labios expiró. / Yo voy por un camino, ella por otro; / pero al pensar en nuestro mutuo amor, / yo digo aún: ¿por qué callé aq
Frases célebres de Gustavo Adolfo Bécquer.
Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, poeta y narrador español nacido en Sevilla, perteneciente al movimiento del Romanticismo, aunque escribió en una etapa literaria perteneciente al Realismo.
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Dios, aunque invisible, tiene siempre una mano tendida para levantar por un extremo la carga que abruma al pobre.
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El alma que hablar puede con los ojos también puede besar con la mirada.
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El amor es un caos de luz y de tinieblas; la mujer, una amalgama de perjurios y ternura; el hombre, un abismo de grandeza y pequeñez; la vida, en fin, puede compararse a una larga cadena con eslabones de hierro y de oro.
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El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.
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En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna.
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El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo.
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He aquí, hoy por hoy, todo lo que ambiciono: ser un comparsa en la inmensa comedia de la Humanidad; y concluido mi papel de hacer bulto, meterme entre bastidores sin que me silben ni me aplaudan, sin que nadie se dé cuenta siquiera de mi salida
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La mujer hermosa, cuando pule el acero y contempla su imagen, se deleita en sí misma; pero al cabo busca otros ojos donde fijar los suyos, y si no los encuentra, se aburre.
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La soledad es el imperio de la conciencia.
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La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo.
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¡Lástima que el Amor un diccionario / no tenga donde hallar / cuándo el orgullo es simplemente orgullo / y cuándo es dignidad!
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¡Llora! No te avergüences de confesar que me has querido un poco.
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Los suspiros son aire y van al aire. Las lágrimas son agua y van al mar, dime mujer, cuando el amor se olvida, ¿sabes tú a donde va?
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Mi existencia, reducida al momento presente, flota en el océano de las cosas creadas como uno de esos átomos luminosos que nadan en el rayo del sol.
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Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía.
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Podrá nublarse el sol eternamente, podrá secarse por un instante el mar, podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal... ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón, pero jamás podrá apagarse en mi la llama de tu amor.
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Y el pensamiento es necesario ejercitarlo, se debe cada día y de nuevo y de nuevo pensar, para conservar la vida del pensamiento.
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Cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras y ardientes hijas de la sensación duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria ... hasta
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La poesía es el sentimiento; pero el sentimiento no es más que un efecto, y todos los efectos proceden de una causa, más o menos conocida. ¿Cuál lo será? ¿Cuál podrá serlo de este divino arranque de entusiasmo, de esta vaga y melancólica aspiración del al