El alcohol mata lentamente, pero no tengo prisa.
Frases célebres de J. G. Ballard.
James Graham Ballard , que solía firmar J. G. Ballard, fue un escritor británico de ciencia ficción
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Esa imagen de la propia muerte que todos los hombres guardan en un sitio secreto del corazón lógicamente – pues no hay propósito más sombrío que el de la vida-, uno debería decir todas las mañanas a los amigos. lamento tu irrevocable muerte”, como si sufr
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El suicida no vuelve nunca a la escena del crimen.
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El organismo humano es una exhibición de atrocidades.
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La vida en el rascacielos comenzaba a parecerse al mundo exterior: la misma crueldad implacable enmascarada por una serie de convenciones corteses.
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Primero intentaría matarlo, pero si fallaba lo alimentaría y se daría a él, lo amamantaría devolviéndolo a un primitivo estado infantil y hasta era posible que llegara a tenerle afecto. Luego, en cuanto se durmiese, lo degollaría. La sinopsis del matrimon
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Una norma de vida: si puedes oler a ajo, todo anda bien.
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Y a pesar de la abundante provisión de comics de Batman, la atmósfera es bastante puritana.
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La vida es en sí misma una especie de enfermedad.
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Cultive las virtudes romanas: la dignidad, el orgullo, el estoicismo hasta la muerte.
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Los funerales celebran el cruce de otra frontera, en muchos sentidos el más formal y prolongado de todos.
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Todo puede aprenderse, especialmente las cosas peligrosas.
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Los únicos filósofos auténticos que hoy quedan son los policías.
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Me palmeé los bolsillos buscando un cigarrillo, el mejor antídoto para tanto ejercicio y tanta salud.
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La creencia religiosa exige un vasto esfuerzo de compromiso imaginativo y emocional, lo que es bastante difícil si uno todavía esta atontado por las pastillas de la noche anterior.
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Las artes y la delincuencia siempre han florecido juntas.
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No hay Mesías capaz de competir con la hora de la siesta.
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El crimen tiene una historia respetable: el Londres de Shakespeare, la Florencia de los Medici. Nidos de asesinatos, venenos y ejecuciones con garrote. Dime una época en que haya florecido el orgullo cívico y las artes y no hubieran crímenes generalizados
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Todos los siquiatras son incompetentes.
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Todos los psiquiatras son incompetentes.