Hay miserables afanes de popularidad, más denigrantes que el servilismo.
Frases célebres de José Ingenieros. [Página 4]
Giuseppe Ingegnieri, más conocido como José Ingenieros fue un médico, psiquiatra, psicólogo, criminólogo, farmacéutico, escritor, docente, filósofo y sociólogo ítalo-argentino. Está considerado uno de los máximos representantes del positivismo en Latinoam
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Su orgullo nunca excede de la vanidad de los imbéciles.
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Es un gran signo de mediocridad dijo Leibniz elogiar siempre moderadamente.
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Las rebeldías románticas son embotadas por la experiencia: ella enfrena muchas impetuosidades falaces y da a los ideales más sólida firmeza. Las lecciones de la realidad no matan al idealista: lo educan.
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El proceso de desarrollo de un genio, se necesita mucho tiempo, y no para que este cree sus obras, sino para que estas puedan ser reconocidas.
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En la órbita de la rutina giran espíritus mediocres.
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Todo idealismo es exagerado, necesita serlo. Y debe ser cálido su idioma, como si desbordara la personalidad sobre lo impersonal; el pensamiento sin calor es muerto, frío, carece de estilo, no tiene firma.
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La rutina no es hijo de la experiencia, es su caricatura.
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Las ideas nunca desaparecen, solo que a medida que pasa el tiempo se van trasformando.
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Para crear una partícula de Verdad, de Virtud o de Belleza, se requiere un esfuerzo original y violento contra alguna rutina o prejuicio; como para dar una lección de dignidad hay que desgoznar algún servilismo.
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Los prejuicios, son creencias previas a la observación.
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La política se degrada, conviértese en profesión. En los pueblos sin ideales, los espíritus subalternos medran con torpes intrigas de antecámara. En la bajamar sube lo rahez y se acorchan los traficantes.
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El diablo no sabe más por viejo que por diablo. Si se arrepiente no es por santidad; sino por impotencia.
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Las ilusiones tienen tanto valor para dirigir la conducta, como las verdades más exactas.
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Los hombres que no son mediocres nunca se obstinan en el error, ni traicionan a la verdad.
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Muchos cerebro torpes, se envanecen de su testarudez, confundiendo la parálisis con la firmeza.
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Sin ideales sería inconcebible el progreso.
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Su personalidad es todo brillo y arista: Firmeza y luz, como cristal de roca, breves palabras que sintetizan su definición perfecta.
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La costumbre de obedecer engendra una mentalidad doméstica.
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Los prejuicios son creencias anteriores a la observación; los juicios, exactos o erróneos, son consecutivos a ella