Ha llegado la época de la independencia americana, nadie puede evitarla. La España está perdida y si nos dejamos llevar por infundados recelos seremos presa del primer advenedizo que quiera subyugarnos.
Frases célebres de José Miguel Carrera.
José Miguel de la Carrera y Verdugo fue un político y militar chileno. Prócer de la emancipación de Chile y destacado participante en las guerras de independencia, jefe de Gobierno y primer general en jefe del Ejército. Considerado como el primer caudillo
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Este viejo demente ni era patriota ni sarraceno, y por sí nada podía hacer.
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Mackenna no entendía palabra de artillería; aseguro sin ponderar que un sargento sabía más que él, porque podría distinguir la cureña del cañon. ... No quiero pasar en silencio las disposiciones de Mackenna, reconozcamos de todos modos su pobre cabeza y n
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Comencemos, pues, en Chile, declarando nuestra Independencia. Tiempo es que las provincias revolucionadas establezcan de una vez lo que ha de ser siempre: La Independencia que les librará del título de rebeldes que le dan sus agresores.
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Nuestra juventud es la edad de la energía, del vigor y de la magnanimidad. Si es capaz de grandes pasiones, lo es también de grandes virtudes y grandes intentos.
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Vamos, no a luchar, sino a vencer; la seguridad de la patria pende de vuestro esfuerzo; soldados, corramos a la victoria y volvamos a nuestros hogares coronados del amor y la virtud.
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Mi familia era insultada ... Don Santiago Bueras en Rancagua, entró acompañado de tres oficiales a insultar a mi mujer, con las más infames expresiones y muy propias para prostitutas. Éstas y otras infinitas pruebas de bajeza con que procedían mis enemigo
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Si los poderosos pueblos de América combinan sus operaciones y establecen sus relaciones, acabarán de un soplo con sus enemigos. Es obra muy difícil en las actuales circunstancias, pero nada se opone a la constancia y a la buena intención.
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Vosotros compatriotas, que sabéis burlaros del mar con denuedo y bizarría, vais a cubriros de gloria, salvando al país y escarmentando el atrevimiento insolente de los malvados.
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Mi esposa es mi más fiel y sigiloso confidente en todos mis pasos, valen más nuestras mujeres que nuestros hombres para la revolución.
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Siempre me pareció digno de un hombre honrado sacrificar su reputación a la de su Patria. Si esta máxima no constituye el heroismo, es, por lo menos, el resumen de las virtudes más sublimes del ciudadano.
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Mi adorada pero muy desgraciada Mercedes: un accidente inesperado, y un conjunto de desgraciadas circunstancias me han traído a esta situación triste: ten resignación para escuchar que moriré hoy a las once, sí mi querida, moriré con el sólo pesar de deja
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Pido a las generaciones futuras que algún día reivindiquen mi nombre, ya que muero como un bandido en tierra extraña.
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¡Muero por la libertad de América!