Una amistad delicadamente cincelada, cuidada como se cuida a una obra de arte, es la cima del universo.
Frases célebres de José Ortega y Gasset. [Página 8]
José Ortega y Gasset , filósofo y periodista español.
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Una buena parte de los hombres no tiene vida interior que la de sus palabras, y sus sentimientos se reducen a una existencia oral.
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Una estupidez no se puede dominar si no es con otra.
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Vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser.
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Vivir es más vivir, afán de aumentar los propios latidos. Cuando no es así, la vida está enferma y, en su medida, no es vida.
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Y tenedlo entendido de ahora para siempre: yo amo con exaltación a mi Patria, y antes que a la libertad, antes que a la república, antes que a la federación, antes que a la democracia, pertenezco a mi idolatrada España.
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Yo sostengo que el problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar, y al decir esto, conste que significo con ello, no solo que los demás esp
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Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.
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Si una ametralladora tuviera opiniones serían como las de Baroja.
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Hay que tomar la vida con filosofía.
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El defecto más grave del hombre es la ingratitud.
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El hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores.
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Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión.
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La política es la arquitectura completa, incluso los sótanos.
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Hay quien ha venido al mundo para enamorarse de una sola mujer y, consecuentemente, no es probable que tropiece con ella.
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El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor.
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El nihilista, no estimándose a sí mismo, sintiéndose incapaz, busca compensación aniquilando los valores del mundo.
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Tras ciento cincuenta años de halago a las masas sociales, sabe a blasfemia afirmar que si imaginamos ausente del mundo un puñado de personalidades escogidas, apestaría el planeta de necedad y egoísmo.
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Nuestras convicciones más arriesgadas, más indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión.
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La vida es saberse, es evidencial.