A quien procede con honradez, nada debe alterarle. He hecho cuanto he podido y jamás he faltado a mi palabra.
Frases célebres de Manuel Belgrano.
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano fue un intelectual, abogado, economista, periodista, político y militar argentino. Fue uno de los máximos líderes de la de la guerra de la Independencia y es el creador de la Bandera de Argentina.
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¡Ay, Patria Mía! esto debido a que Argentina en 1820 se caotizaba en una feroz guerra civil que duraría setenta años, perdiéndose la Provincia Oriental y la Provincia de Tarija.
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Me hierve la sangre, al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por La Patria.
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El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente.
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El mejor medio de socorrer la mendicidad y la miseria es prevenirlas y atenderlas en su origen, y nunca se puede prevenir si no se proporcionan los medios para que se busque su subsistencia
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Mucho me falta para ser un verdadero padre de La Patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella.
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Sin educación, en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos.
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El miedo sólo sirve para perderlo todo.
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Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para aquéllos.
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La vida no es nada si la libertad se pierde.
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Nadie me separara de los principios que adopté cuando me decidí a buscar la libertad de la patria amada, y como éste solo es mi objeto, no las glorias, no los honores, no los empleos, no los intereses, estoy cierto de que seré constante en seguirlos.
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Renuncio a mi sueldo de vocal de la Primera Junta de Gobierno porque mis principios así me lo exigen.
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Yo espero que los buenos ciudadanos de esta tierra trabajarán para remediar sus desgracias. Ay Patria mía.
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Ninguna cosa tiene su valor real, ni efectivo en sí misma, sólo tiene el que nosotros le queremos dar; y éste se liga precisamente a la necesidad que tengamos en ella; a los medios de satisfacer esta inclinación; a los deseos de lograrla y a su escasez y
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No hubiese un español que no creyese ser señor de América, y los americanos los miraban entonces con poco menos estupor que los indios en los principios de sus horrorosas carnicerías, tituladas conquistas.
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Se apoderaron de mis ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido.
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Este país, que al parecer no reflexiona ni tiene conocimientos económicos, será sin comercio un país desgraciado, esterilizando su felicidad y holgando su industria.
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Deseo que todos sepan el bien para alegrarse, y el mal para remediarlo, si aman a su patria; así que nada oculto ni ocultaré jamás.
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En mis principios no entra causar males sino cortarlos.
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Era preciso corresponder a la confianza del pueblo, y me contraje al desempeño de esta obligación, asegurando, como aseguro, a la faz del universo, que todas mis ideas cambiaron, y ni una sola concedía a un objeto particular, por más que me interesase: el