Se ha llegado a decir que la más alta alabanza de Dios está en la negación del ateo, que encuentra la Creación lo bastante perfecta como para poder prescindir de un Creador
Frases célebres de Marcel Proust. [Página 2]
Marcel Proust . Escritor francés, autor de En busca del tiempo perdido, Los placeres y los días entre otras obras.
-
-
El pueblo se inquieta al ver llorar, como si un sollozo fuera más grave que una hemorragia
-
Cierta aristocracia, educada desde la infancia para considerar su nombre como una ventaja interior que nada puede quitarle, sabe que puede evitarse -pues nada le añadirían- los esfuerzos que sin resultado posterior apreciable hacen tantos burgueses por pr
-
La adolescencia es la única época en la que he aprendido algo
-
Lo mismo que el porvenir, el pasado no se saborea todo de una vez, sino grano a grano
-
Los paraísos perdidos sólo están en nosotros mismos
-
En el sacerdote, como en el alienista, siempre hay algo de juez de instrucción
-
Tal vez la inmovilidad de las cosas a nuestro alrededor les viene impuesta por nuestra certeza de que son ellas y no otras, por la inmovilidad de nuestro pensamiento frente a ellas
-
Todo lo grande en el mundo viene de los neuróticos
-
No hay vicios que no encuentren entre la alta sociedad apoyos complacientes, y se ha visto trastornar la distribución de un castillo para hacer que una hermana durmiera cerca de su hermana cuando se ha sabido que no la amaba sólo como hermana
-
Mentimos toda la vida incluso -o sobre todo o tal vez sólo- a quienes nos aman.
-
Nuestro corazón tiene edad de aquello que ama.
-
¿Quién lee mejor que un chico?
-
Somos senados del sufrimiento solamente cuando lo experimentamos a fondo
-
Una obra de arte que encierre teorías es como un objeto sobre el que se ha dejado la etiqueta del precio.
-
Los recuerdos comunes son a veces los más pacificadores.
-
Más vale soñar la vida que vivirla, aunque vivirla también sea soñarla
-
Los días son quizá iguales para un reloj, pero no para un hombre
-
Trabajamos siempre para dar forma a nuestra vida, pero copiando sin querer, como un dibujo, los rasgos de la persona que somos y no los de aquélla que nos agradaría ser
-
La felicidad es saludable para los cuerpos, pero es la pena lo que desarrolla las fuerzas del espíritu