Más mata una mala lengua que las manos del verdugo; el verdugo mata a un hombre, y una mala lengua a muchos.
Frases célebres de Melchor de Palau.
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Al hombre los trabajos le hacen humilde; mas las prosperidades siempre le engríen; pues la riqueza rara vez se separa de la soberbia.
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Todo aquel que no pone freno a la lengua, no extrañe las desgracias que le sucedan; pues las palabras no pueden recogerse ya pronunciadas.
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Un pájaro con cien plumas o se puede mantener, y un escribano con una mantiene casa y mujer.
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La cárcel es el infierno, el carcelero es el diablo, los jueces los que condenan, y ellos son los condenados.
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Trata a la gente humilde con cortesía, que la humildad merece ser atendida: en ello ganas, porque nada te cuesta y ella te ensalza.
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La libertad y salud son prendas de gran valía, ninguno las reconoce hasta que las ve perdidas.
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Más vale saber que haber, dice la común sentencia; que el pobre puede ser rico y el rico no compra ciencia.
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Nunca podrás vengarte de tu enemigo, porque el mayor que tienes eres tú mismo; pues es notorio que la venganza es hija del amor propio.
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Más bien en las acciones que en las palabras se descubre lo oculto que hay en el alma; y así no fíes de ofertas que con obras no se confirmen.
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Sin duda que tu padre fué confitero, y te hizo los labios de caramelo.
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Tienes una boquita tan embustera, que a batalla de besos me la comiera.
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Si los honores mudan nuestras costumbres, váyanse los honores, vengan virtudes; porque sin ellas, las pompas de este mundo son muy funestas.
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Nada contiene el mundo que sea durable, excepto la inconstancia, que es la constante: sigue esta regla, y no hallarás errada jamás tu cuenta.
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Es sombra lo pasado, niebla el futuro, relámpago el presente...La vida es humo. Si bien se advierte, no hay cierto en este mundo más que la muerte.
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No corran tus acciones tras de la fama, deja que ésta las busque para ensalzarlas; porque es bien cierto que quien mendiga aplausos, coge desprecios.
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Al que se ve colmado de conveniencias, las ajenas desgracias poco le inquietan; porque es muy cierto que el harto no se acuerda del que está hambriento.
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Que en el mundo hay placeres, bien lo concibo; mas también que a la vuelta lo venden tinto. No es cosa extraña, pues todos nuestros gustos caros se pagan.
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Molino que estás moliendo el trigo con tanto afán, ¡Tú estás haciendo la harina y otros se comen el pan!
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La conversación del necio es el martirio del sabio; mas como el número es corto, pocos hay martirizados.