Hasta que el día menos pensado, la mujer que nos electriza intensifica tanto sus descargas sexuales, que termina por electrocutarnos en un espasmo, lleno de interrupciones y de cortocircuitos.
Frases célebres de Oliverio Girondo. [Página 2]
Oliverio Girondo .
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Yo no comprendo nada. No tan sólo tus manos son un puro milagro. Un traspiés, un olvido, y acaso fueras mosca, lechuga, cocodrilo. Y después...Esa estrella. No preguntes. ¡Misterio! El silencio.
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Lo cotidiano podrá ser una manifestación modesta dejo absurdo, pero aunque Dios reencarnado en algún sacamuelas nos obligara a localizar todas nuestras esperanzas en los escarbadientes, la vida no dejaría de ser, por eso, una verdadera maravilla.
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El verdever el todo ver quizás en libre aleo el ser el puro ser sin hojas ya sin costas ni ondas locas ni recontras sólo su ámbito solo recién quizás recién entonces.
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Y para acá o allá y desde aquí otra vez y vuelta a ir de vuelta y sin aliento y del principio o término del precipicio íntimo hasta el extremo o medio o resurrecto resto de éste o aquello o de lo opuesto y rueda que te roe hasta el encuentro y aquí tampoc
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Ante la exquisitez del idioma francés, es comprensible la atracción que ejerce la palabra merde.
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Pero la luna intacta es un lago de senos que se bañan tomados de la mano.
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¡Y ante todo está el mar! ¡El mar!Ritmo de divagaciones. ¡El mar! Con su baba y con su epilepsia.
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No me agrada esta calma, este silencio muerto, sin carne, puro hueso.
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Las mujeres modernas olvidan que para desvestirse y desvestirlas se requiere un mínimo de indumentaria.
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Une al don de tu pan y de tu mano el de darle candor a nuestro canto.
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¿Por qué bajas los párpados? Ya sé que estás desnudo, pero puedes mirarme con los ojos tranquilos. Los días nos enseñan que la fealdad no existe.
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¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política?Seamos argentinos, gritan algunos...Sin advertir que la nacionalidad es algo tan fatal como la conformación de nuestro esqueleto.
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Lloremos. ¡Ah! Lloremos purificantes lágrimas, hasta ver disolverse el odio, la mentira, y lograr algún día -sin los ojos lluviosos- volver a sonreírle a la vida que pasa.
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Aunque ellos mismos lo ignoren, ningún creador escribe para los otros, ni para sí mismo, ni mucho menos, para satisfacer un anhelo de creación, sino porque no puede dejar de escribir.
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Yo también... ¡Sí! Yo tengo - ¿Por qué no confesarlo? - un pequeño fantasma, un duende de familia.
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Así como hay hombres cuya sola presencia resulta de una eficacia abortiva indiscutible, la mía provoca accidentes a cada paso, ayuda al azar y rompe el equilibrio inestable de que depende la existencia.
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Más que tierra eres cielo, campo nuestro.
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La poesía siempre es lo otro, aquello que todos ignoran hasta que lo descubre un verdadero poeta.
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¡Si al menos pudiéramos arrimar un ojo a alguno de los agujeritos que hay en el cielo!