La desgracia extrema que acomete a los seres humanos no crea la miseria humana; simplemente la pone de manifiesto.
Frases célebres de Simone Weil. [Página 2]
Simone Weil fue una filósofa francesa. Nace en el seno de una familia hebrea intelectual y laica. Estudia filosofía y literatura clásica
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La belleza seduce a la carne con el fin de obtener permiso para pasar al alma.
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Todas las tragedias que se puedan imaginar confluyen en una sola y única tragedia: el paso del tiempo
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Dinero, maquinización, álgebra. Los tres monstruos de la civilización actual. Analogía perfecta.
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Una sociedad bien hecha sería aquélla en la cual el Estado ejercería tan solo una acción negativa, del orden del timonel: una ligera presión del movimiento oportuno para compensar un comienzo de desequilibrio.
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Dado que el pensamiento colectivo no puede existir como tal pensamiento, pasa a las cosas signos, máquinas... . De ahí la paradoja: es la cosa la que piensa y el hombre quien queda reducido al estado de cosa.
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Dos prisioneros, en celdas vecinas, se comunican por medio de golpes contra el muro. El muro es lo que los separa, pero también lo que les permite comunicarse. Así nosotros con Dios. Toda separación es un nexo.
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El espejismo constante de la Revolución consiste en creer que si a las víctimas de la fuerza, que son inocentes de las violencias que se producen, se les pone en las manos esa misma fuerza, la utilizarán justamente.
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La Providencia divina no es un desarreglo, una anomalía en el orden del mundo. Es el orden del mundo en sí. O, más bien, es el principio ordenador de este universo, extendido a través de toda una red subterránea de relaciones.
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Dios y la creación son uno, Dios y la creación están infinitamente distantes; esta contradicción fundamental se refleja en la contradicción que existe entre lo que es necesario y el bien. Sentir la distancia, esta separación, es crucifixión.
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Si se desea solamente el bien, se está en oposición a la ley que une al bien real con el mal del mismo modo que al objeto iluminado con la sombra; y, estando en oposición a la ley universal del mundo, es inevitable que se caiga en la desgracia.
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Nada poseemos en el mundo porque el azar puede quitárnoslo todo, salvo el poder de decir yo. Eso es lo que hay que entregar a Dios, o sea destruir. No hay en absoluto ningún otro acto libre que nos esté permitido, salvo el de la destrucción del yo.
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Nada en el mundo puede quitarnos el poder de decir yo. Nada, salvo la desgracia extrema. Nada hay peor que la extrema desgracia que desde fuera destruye el yo, puesto que luego resulta ya imposible destruírselo uno mismo. ¿Qué les ocurre a aquéllos cuyo y
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Lo que en el criminal no es sensible, es el crimen. Lo que en el inocente no es sensible, es la inocencia.
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El infierno es superficial. El infierno es una nada que tiene la pretensión y produce la ilusión de que existe.
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La verdad se produce al contacto de dos proposiciones, ninguna de las cuales es cierta; la relación entre ambas es cierta.
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Algunos crímenes que nos han hecho malditos hemos debido cometer para que ahora hayamos perdido toda la poesía del universo.
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Únicamente las cosas relativas a la inspiración se nutren de plazos. Las relativas al deber natural, a la voluntad, no sufren dilación.
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El humanismo y lo que del mismo se desprende no es un regreso a la antigüedad, sino un desarrollo de venenos anteriores al cristianismo.
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Estrellas y árboles frutales en flor. La completa permanencia y la extrema fragilidad proporcionan por igual el sentimiento de la eternidad.