Una mujer que se mira al espejo y se arregla no siente vergüenza de reducirse a sí misma, a ese ser infinito que mira todas las cosas, a un pequeño espacio.
Frases célebres de Simone Weil. [Página 3]
Simone Weil fue una filósofa francesa. Nace en el seno de una familia hebrea intelectual y laica. Estudia filosofía y literatura clásica
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El hombre es esclavo en la medida en que entre la acción y su efecto, entre su esfuerzo y la obra, se encuentra interpuesta la intervención de voluntades ajenas.
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El totalitarismo moderno es al totalitarismo católico del siglo XII lo que el espíritu laico y francmasón al humanismo del Renacimiento. Con cada vaivén, la humanidad se degrada.
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Entre las características del mundo moderno no hay que olvidar la imposibilidad de apreciar en concreto la relación entre el esfuerzo y el efecto del esfuerzo. Demasiados intermediarios.
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La gruesa bestia tiene como fin la existencia. Yo soy el que soy. Ella también lo dice. Le basta con existir, pero no puede concebir ni admitir que otra cosa exista. Siempre es totalitaria.
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La energía necesaria reside en mí, ya que con ella tengo para vivir.
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El movimiento descendente, espejo de la gracia, es la esencia de toda música.
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Ser inocente es soportar el peso del universo entero. Es arrojar el contrapeso.
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Todo crimen es una transferencia del mal de aquél que actúa sobre aquél que padece.
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Si en este mundo no hubiera desgracia, podríamos pensar que estábamos en el paraíso.
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La relación pertenece al espíritu solitario. Ninguna muchedumbre concibe la relación.
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El pecado contra el Espíritu consiste en conocer algo como bueno y odiarlo en cuanto bueno.
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La obediencia a un hombre cuya autoridad no está alumbrada con legitimidad es una pesadilla.
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Cuando se ha pecado por injusticia, no basta sufrir justamente, hay que sufrir la injusticia.
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Es preciso desarraigarse. Talar el árbol y hacer con él una cruz para luego llevarla todos los días.
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Al sucumbir bajo el peso de la cantidad, al espíritu no le queda otro criterio que el de la eficacia.
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Al igual que el poder, el dinero es puro medio. Tiene por único valor la posibilidad de procurarse cosas.
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En todo aquello que nos provoca una auténtica y pura sensación de lo bello existe realmente presencia de Dios. Hay como una especie de encarnación de Dios en el mundo, cuya marca es la belleza.
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Puesto que no se puede esperar de un hombre que no posee la gracia que sea justo, es preciso que la sociedad esté organizada de tal manera que las injusticias se vayan corrigiendo unas a otras en una perpetua oscilación.
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El capitalismo ha consumado la liberación de la colectividad humana en relación con la naturaleza. Pero esa misma colectividad ha heredado inmediatamente frente al individuo la función opresiva que antes ejercía la naturaleza.