El desprecio destruye la piedad.
Frases célebres de Taylor Caldwell.
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Y entonces la gente pregunta: ¿Dónde está nuestra policía? Todo lo que saben hacer es poner multas de tráfico. Le diré dónde están los policías -prosiguió-. Están haciendo sus rondas de día y de noche, aunque saben que es inútil. La gente no va a apoyarle
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Cuando un gobierno se halla decidido a difamar, destruir y asesinar a un héroe, lo puede hacer con toda impunidad. Es que ahora nos gobiernan los hombres y no las leyes.
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A pesar de lo mucho que se habla de amor en el mundo actual, permanece el hecho de que jamás ha carecido tanto el mundo de amor, este mundo duro de corazón, asesino, cruel, egoísta, despectivo e indiferente.
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Los hombres jóvenes son como toros decía Targelia con severidad, por tanto, a menos que sean extraordinariamente ricos e importantes, jamás les entrego a una de mis doncellas. Una prostituta y una de mis cortesanas delicadas serían lo mismo para ellos e
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No lo sabrá nunca, porque en la tumba no hay recuerdos.
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¡El amor! Es el grillete de la libertad del espíritu: ¡Su esclavizador! Y muy traicionero.
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Sólo el fuerte puede proteger al débil. Sólo el noble de corazón puede inspirar a otros hombres a la nobleza, al sacrificio, a la autodisciplina, al amor.
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Un velo es más provocativo que el cuerpo desnudo, pues la sutileza resulta más deseable que la desvergüenza. Una mujer nunca debe darlo todo, ni siquiera simuladamente, excepto por un breve instante.
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Los tiranos sienten un particular cariño por la guerra, pues distrae al pueblo de toda justa queja contra ellos. También acrecienta el poder de los tiranos, porque éstos, alegando que la patria está en peligro, pueden imponer aún más onerosas restriccione
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El caos reinaba en todas partes porque los proscritos y los psicópatas ya no eran lo que eran realmente: criminales. Ahora eran perturbados mentales, víctimas de hogares destrozados o individuos privados de cultura y de las ventajas y privilegios que les
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Esos hombres, si son hombres verdaderamente, parecen bestias. De hecho son bestias, ay, y carecen por completo de sensibilidad. No crean belleza ni esplendor; graznan como los cuervos, y sus almas están enroscadas en el error. Vagan como ovejas sin mente,
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La guerra -prosiguió- trae calamidades tanto a los particulares como a las naciones. En estos tiempos sólo hacen dinero los fabricantes de armas o los comerciantes de provisiones para los ejércitos.
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Los católicos hablaban de la gracia, pero ¿Qué era la gracia, a no ser la conciencia de los deberes diarios, la responsabilidad para con los demás y la obediencia a la autoridad civil? ¿Y la necesidad de ser un auténtico hombre?
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¿Quiere que le diga una cosa? Todo ese amor de que tanto se oye hablar en estos días es sucio. Eso es lo que es: sucio. Uno mira a la gente que lo vocea y tiene la sensación de suciedad moral y espiritual, no natural, indecente.
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Estamos muy ocupados...Con nada. Hablamos...De nada. Nuestro vecino, nuestro hermano, nos suplica ayuda a gritos, y eso no nos preocupa. Peor aún, ni siquiera le oímos, enfrascados en nuestra vida tan ocupada, tan vulgar y tan trivial.
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De nuevo reinaba la oscuridad y la tristeza en el templo. Algunas personas cercanas al altar murmuraban oraciones y pequeñas lámparas votivas ardían ante la diosa de mármol. Fuera rugían salvajemente los truenos, alterando la paz del templo.
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Los jardines se extendían oscuros bajo la noche, pero los ruiseñores ya habían empezado a cantar. Vasijas con incienso, ardían en todos los rincones de los salones y el aire cálido estaba cargado con un aroma que vencía incluso al de las flores que se alz
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Lo que él no sabía es que las naciones nunca se apartan de los abismos, porque todavía se aferraba a sus ilusiones y seguía creyendo que una nación corrompida podía volver a ser pía y virtuosa sólo con que el pueblo lo quisiera. ... La corrupción es irrev
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Una mariposa roja como la sangre se le posó, cual un pétalo de rosa, sobre las rodillas y, mientras la miraba, sus ojos se llenaron de lágrimas. No era sólo la belleza del insecto lo que aceleraba los latidos de su corazón. Era su misma existencia, y el e