El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos sectores y lenta, hasta inmóvil, en otros. El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona. El
Frases célebres de Yasunari Kawabata.
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El sonido profundo de una enorme campana de templo budista resonaba con largos intervalos y la prolongada reverberación traía a la conciencia el Japón de antaño.
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Ahora, más que la tarde anterior, no podía pensar en nadie con quien compararla a ella. Se había vuelto absoluta, más allá de toda comparación. Se había vuelto decisión y destino.
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Sírveme un poco de té susurró. Él levantó la taza y se la tendió. De tu boca.
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Los cedros son tan erguidos, rectos y bellos. Querría que los corazones humanos crecieran de esa manera...
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La literatura no hace sino registrar los encuentros con la belleza.
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La butaca que giraba en el vagón panorámico volvió a su memoria. Era como si viera su propia soledad, que giraba y giraba dentro de su corazón.
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Cuando uno ve el tazón, se olvida de los defectos del antiguo dueño. La vida de mi padre fue sólo una pequeña parte de la vida de un tazón de té.
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Los árboles parecían cubiertos por flores de rocío. Era la sutil floración de la lluvia de primavera; una floración que casi todos pasaban por alto.
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¿Por qué no hablas? preguntó. ¿Por qué estás tan callado? Es una crueldad de tu parte. Tironeó la cortina con gesto caprichoso. ¿No te parece que es una vista hermosísima? Sí. Es hermosísima. Pero yo estaba pensando en lo hermosa que eres tú.
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Si no te casas, las dos estaremos entre los muertos no llorados. - No sé qué significa eso. - Son los muertos que no dejan descendientes que los lloren.
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Definitivamente, lamentaba haber tomado las fotografías. Había sido una imprudencia de mi parte. De las caras de los muertos no deberían quedar testimonios.
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Pero, como le decía, es muy distinto ser modelo de un novelista. Es un sacrificio sin recompensa. ¡Adoro sacrificarme! Quizás ésa sea la razón de mi vida.
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Hay mosquitos dijo ella de pronto, y se puso de pie y sacudió las faldas de su kimono. En la solitaria quietud del bosque ni uno ni el otro tenían algo que decir.
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No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido.
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... ¿Sería que una muchacha profundamente dormida, que no dijera nada ni oyera nada, lo oía todo y lo decía todo a un anciano que, para una mujer, había dejado de ser hombre?
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¿Tanta nieve cae? -En el pueblo vecino, los niños salen por las ventanas del piso superior de la escuela. Los más arriesgados se sumergen como si estuvieran nadando y cavan túneles.
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El camino estaba congelado. La aldea estaba en silencio, inmóvil bajo el cielo estrellado. Komako alzó los faldones de su kimono y los acomodó en el obi. La luna parecía cortada a cuchillo contra el hielo espectralmente azul.
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Por muy desencantado que se pueda estar del mundo, el suicidio no es una forma de iluminación; por muy admirable que sea, el hombre que se suicida está lejos del reino de la santidad. Yo no admiro ni estoy de acuerdo con el suicidio.
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Otoko seguía amando a Oki ... . ¿Pero era posible que esos amores hubieran permanecido inalterables desde los tiempos en que habían sido una realidad tangible? ¿No cabía la posibilidad de que algo de esos mismos amores se hubiera transformado sutilmente e