La alabanza es el más dulce de los sonidos.
Decidimos cruzar el país haciendo el menor daño que podamos, si se nos deja volver a nuestra patria; pero si alguien nos impide el paso, decidimos luchar contra éste con todas nuestras fuerzas.
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Sólo a fuerza de favores se conquista a los espíritus mezquinos, a los corazones generosos se les gana con el afecto
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No puede existir un valor digno de alabanza si no va acompañado por la prudencia. Realmente, todo lo que entre los hombres carece de buen sentido, no puede ser más que maldad e injusticia.
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Los ricos que no saben usar de sus riquezas son de una pobreza incurable, porque es pobreza de espíritu