Sí, humílleme, pero algún día, si Dios quiere, nos hemos de encontrar cara a cara.
Me fui, como quien se desangra.
En derredor, los pastizales renacían en silencio, chispeantes de rocío.
El sueño cayó sobre mí como una parva sobre un chingolo.
Una luz fresca chorreaba de oro el campo.