El que sabe pensar, pero no sabe cómo expresar lo que piensa, está en el mismo nivel del que no sabe pensar.
Frases célebres sobre: abe. [Página 152]
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Tu sabiduría vale tanto como nada si nadie sabe cuánto es tu saber.
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Las mujeres se parecen a los caballos en que se burlan del que no las sabe domar.
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El médico que sólo medicina sabe, ni medicina sabe.
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En el arte a diferencia de la tecnología, todos sabemos que la tecnología evoluciona pero a la vez envejece no pasa lo mismo porque nadie puede decir que Picasso o Mondrian dejaron de lado a Leonardo, Caravaggio o Boticelli. El arte es lo único que hac
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Los unicornios son inmortales. Su naturaleza exige que vivan solos en un único lugar, por lo general un bosque donde haya un estanque de agua lo bastante clara como para mirarse en ella; pues son un poco vanidosos y saben perfectamente que son los seres m
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Nací mortal y he sido inmortal durante un largo y absurdo tiempo, y un día seré mortal otra vez; de modo que sé algo que un unicornio no puede saber. Todo aquello que puede morir es bello...Más bello que un unicornio, que vivirá para siempre, y que es la
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La palabra filosofía parace ser sólo un rótulo más o menos cómodo, para archivar todo lo que no cabe bajo otra etiqueta.
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Allá va la nave: ¿quién sabe dónde va? ¡Ay! ¡Triste el que fía del viento y la mar!
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A la empresa compatriotas, que el triunfo es nuestro: vencer o morir sea nuestra cifra; y tiemblen, tiemblen esos tiranos de haber excitado vuestro enojo, sin advertir que los americanos del sud, están dispuestos a defender su patria; y a morir antes con
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Declaro no deber ni haber debido, jamás, nada a nadie.
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Nadie sabe en qué rincón se oculta el que es su enemigo.
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Tiemblen los tiranos de haber excitado nuestro enojo.
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La globalización está provocando un obsesivo afán de identidad, que va a provocar muchos enfrentamientos. Nuestras cabezas se mundializan, pero nuestros corazones se localizan.
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El espectador se ha convertido en protagonista hasta el punto de que es imposible decir si la obra de arte se crea cuando sale de las manos del autor o cuando entra en la cabeza del espectador.
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En aquellas cosas humanas en que no cabe la demostración todo argumento permanece indeciso, quedando cada argumentante en la persuasión de que su antagonista no entiende de la cuestión o no quiere confesarse vencido
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El poema sirve de guarida a mis escombros de espejo perverso de transparencia de sueños dibujados con debilidad por el alfabeto hostil.
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Cuando se tiene la cabeza a pájaros hay que andarse con pies de plomo.
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El monstruo en su laberinto; y el tonto en su lío.
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¡Oh, dulce concupiscencia de la carne! Refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, alivio de los enfermos mentales, diversión de los pobres, esparcimiento de los intelectuales, lujo de los ancianos. ¡Gracias, Señor, por habernos concedido el uso