Te espero sin plazo ni tiempo. No temas noche, neblina ni aguacero. Acude con sendero o sin sendero. Llámame a donde tú eres, alma mía, y marcha recto hacia mí, compañero
Frases célebres sobre: acero. [Página 2]
Hay un total de 59 freses célebres sobre "acero" este sitio web. [Página 2]
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A los hombres se les debe gobernar con guante de acero dentro de guante de terciopelo.
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Las fuerzas armadas son la armadura de acero en la edificación de la nación.
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A mí no me tumba nadie. Derrotar a Chávez es como tragarse un crisol de aluminio o una barra candente de acero. Ni muerto me sacan de Miraflores
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Le habló a la selva recibiendo la única respuesta del aguacero.
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Si al imán de tus gracias, atractivo, sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero si has de burlarme luego fugitivo?
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El aguacero de verano tamborea en la cabeza de las carpas.
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Los malvados suponen que ya os hacen bien con no haceros nada malo
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Mi verso al valiente agrada: mi verso breve y sincero, es del vigor del acero con que se funde la espada.
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No nos maltraten, y no se les maltratará. Respeten, y se les respetará. Al acero responde el acero, y la amistad a la amistad.
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Y el rey colorado de barba de acero, su padre, la llama con queja amorosa; y un llanto de fiera, un llanto sincero se pierde en la duna de Islandia brumosa.
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Ladrad, perros, que yo frenaré vuestras lenguas con bozal más apretado que de bruñido acero, hasta los conductos de vuestras odiosas gargantas.
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Temple de acero, rectitud de espada, Arthur Conan Doyle, caballero patriota, médico y hombre de letras.
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¡Cuánta emoción puede ocultarse debajo de un paraguas! Acompañe a Dorotea al cine, bajo un enorme aguacero.
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Las plumas que escriben sobre el desarme están elaboradas con el mismo acero que los cañones.
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Las aves al pasar le dicen: ¿No amas? Amar es tener alas. Las flores que pisa le preguntan: ¿No amas? Amor es el perfume de las almas. Y ella pasa indiferente viendo con sus pupilas de acero negro, frías e impenetrables, las alas del pájaro, el cáliz de l
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A tus uñas de acero saca filo el amor: por eso tus rasguños van siempre al corazón.
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Era el pueblo de Mayo quien sufría, no ya el rigor de un odio forastero, sino la vergonzosa tiranía del olvido, la incuria y el dinero. El mismo pueblo que ganara un día su libertad al filo del acero tanteaba el porvenir, y en su agonía le hablaban sólo e
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Subyugaba aquella voz de combate rebotando en los cerros: la voz del jefe que aconsejaba lealtad. Flagraban en su acero fugaces lampos. A cada acción, su caballo alfaba.
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Las palabras de aliento después de la censura son como el sol tras el aguacero.