Temible es siempre el temor de la fuerza aun fundada en el derecho.
Frases célebres sobre: ada. [Página 282]
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¿No vislumbras, oh mundo, a tu Creador? Búscalo sobre la bóveda estrellada. Allí, sobre las estrellas, debe vivir.
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Nada existe en el mundo que sea insignificante.
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Nada es; todo deviene.
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En la mujer, verdaderamente mujer, no hay nada que no esté en relación con su marido, con su hijo o con su amante.
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Hay mucha gente que no cree en nada, pero que tiene miedo de todo.
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Detrás de ese balcón duerme mi amada soñando sus quimeras con rubor, mientras que mi alma enamorada llora por la ausencia de su amor.
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La flor encantadora y delicada que sobre esbelto tallo se mecía, la vio ufana la luz de un solo día, luego desapareció.
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Ya contemplo al valiente guerrero que hasta en sueños su mano esforzada, busca incierta, anhelosa, la espada para herir al soberbio invasor.
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Un hombre no puede saberlo todo, pero cada cual ha de tener alguna cosa que conoce a conciencia.
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Las palabras, habladas o escritas, no me salen con facilidad, especialmente cuando tengo que decir algo sobre mí mismo o sobre mi trabajo. ... Si alguien quiere descubrir algo en mí ... puede contemplar atentamente mis pinturas y tratar de descubrir a tra
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Estoy convencido de que no soy una persona especialmente interesante. No hay nada especial en mí. Soy pintor, alguien que pinta todos los días de la mañana a la noche. Figuras, paisajes; de vez en cuando, retratos.
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Cuanto más tendemos a una vida moral elevada, más debemos recordar que el espíritu tiene sus raíces en las vísceras.
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Hasta que no sepas por qué la gente compra cosas, no venderás nada.
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En esta gran casa, desde las ratas, que conocen los desagües, hasta las palomas que no conocen nada, vivo y sospecho muchas cosas.
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Las mujeres, que han amado tanto, no conocen el amor, por haber estado demasiado ocupadas con él; no tienen un apetito desinteresado por lo Bello.
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El orador que desee conmover a una muchedumbre debe emplear afirmaciones violentas, expresadas en términos abusivos. Deberá exagerar, repetir, eludir toda tentación por presentar pruebas razonables.
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La mayor parte de nuestras opiniones son creadas por las palabras y las fórmulas, mucho más que por la razón.
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Los proverbios son los ecos de la experiencia de un pueblo y corresponden al pensamiento íntimo de cada uno.
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En las arengas destinadas a persuadir una colectividad se pueden invocar razones, pero antes hay que hacer vibrar sentimientos.