Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha.
Frases célebres sobre: aleg. [Página 36]
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El corazón alegre hermosea el rostro
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El corazón alegre hace tanto bien como el mejor medicamento.
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Me alegro de que inventaran la bomba atómica: así si necesitan voluntarios para ponerse debajo cuando la lancen, puedo presentarme el primero.
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Los tiranos sienten un particular cariño por la guerra, pues distrae al pueblo de toda justa queja contra ellos. También acrecienta el poder de los tiranos, porque éstos, alegando que la patria está en peligro, pueden imponer aún más onerosas restriccione
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Si llego a mi destino ahora mismo, lo aceptaré con alegría, y si no llego hasta que transcurran diez millones de años, esperaré alegremente también.
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Ser, y nada más. Con eso basta. Respirar: basta. ¡Alegría, alegría por doquier...!
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Todo el mundo se alegra de poder juzgar. Si temes, pues, que alguien pudiera condenar alguna de tus características, llévalo mañosamente a que condene esta misma característica en otra persona. Así se olvidará de la tuya y pensará que se ha equivocado.
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El orgullo de madre, la alegría de padre.
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La alegría no está en las cosas sino en nosotros.
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Odio las cadenas de producción en serie de las grandes fábricas, que les priva a los hombres de la alegría por los esfuerzos de su trabajo, haciendo hombres y productos baratos.
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Una onza de alegría vale por una libra de tristeza
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Con frecuencia una alegría improvisada vale más que una tristeza cuya causa es verdadera. Sepamos, pues, improvisar nuestra alegría.
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No perdáis el tiempo ni en llorar el pasado ni en llorar el porvenir. Vivid vuestras horas, vuestros minutos. Las alegrías son como las flores que la lluvia mancha y el viento deshoja.
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A menudo es preferible una falsa alegría a una tristeza cuya causa es verdadera.
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Para mí es una gran alegría jugar a su lado. Son la prensa y los entrenadores los que deciden quien debe recibir los premios, pero creo que Raúl se merece ampliamente el Balón de Oro
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Hay que amigarse con la muerte. Hubo un momento en el que la sentí en mi espalda, heladísima, y me dio mucha pena morirme. Sentí que no era el momento. Pero ahora todo lo tomo con alegría
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El hombre sensato no se alegra con mucha frecuencia.
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Mi alma se daba, dándose gozaba, y transcendía su esencia en goce. Se consumía en la alegría del que conoce.
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Me estoy muriendo pronto y he escogido estar alegra hoy, mañana y todos los días que me queden de vida.