¿No has visto en qué pequeñeces está el amor humano? Pues también en pequeñeces está el Amor divino.
Frases célebres sobre: amb. [Página 126]
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Cuando percibas los aplausos del triunfo, que suenen también en tus oídos las risas que provocaste con tus fracasos.
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No me olvides que, en los asuntos humanos, también los otros pueden tener razón: ven la misma cuestión que tú, pero desde distinto punto de vista, con otra luz, con otra sombra, con otro contorno.
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La fotografía no cambia. Pero los semblantes de los hombres sí, lo adivino.
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¡La ambición! Inmortal óleo divino con que Dios purifica el barro humano.
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Estos pobres reyes de quienes tanto malo se dice, también tienen a veces algo bueno.
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Se puede decir que el paralelismo es un intento de organización espacial de los signos en su desarrollo temporal. En un dístico paralelo, no hay progresión linealo lógica de un verso a otro; los dos versos expresan, sin transición alguna entre ambos, idea
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Si a cambio de mi amor a la lectura viera a mis pies los tronos del mundo, rehusaría el cambio.
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Cuando los grandes hombres se dejan abatir por la duración de sus infortunios, demuestran que sólo los soportaban por la fuerza de su ambición, y no por la de su ánimo, y que, sin más diferencia que una gran vanidad, los héroes son iguales que los demás h
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Las lágrimas no sólo son indicio de una naturaleza sensible y compasiva; son también indicio de debilidad y astucia.
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La ambición está más descontenta de lo que no tiene que satisfecha de lo que tiene.
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Para el hombre ambicioso, el buen éxito disculpa la ilegitimidad de los medios.
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Lo que nos hace amar las nuevas amistades, más que la fatiga que nos producen las viejas o el placer de cambiar, es el fastidio de no ser admirados por los que ya nos conocen mucho, y la esperanza de serlo más por los que nos conocen menos.
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La pasión a menudo convierte en loco al más sensato de los hombres, y a menudo también hace sensatos a los más locos.
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Para los peces de acuario, el intercambio de agua es Dios.
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Esas acciones grandiosas y espléndidas que deslumbran, según los políticos son efecto de grandes designios, pero por lo común tan solo son efecto del talante y de las pasiones. Así, la guerra de augusto con antonio, que se atribuye a la ambición de ambos
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Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
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Se ha hecho una virtud de la moderación para limitar la ambición de los grandes hombres y consolar a los mediocres de su poca suerte y escaso mérito.
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El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos sirve también para moderarla.
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Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba Bolivia. Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida