Quien tiene la íntima substancia, también tiene las palabras; quien tiene palabras, no siempre tiene también la íntima substancia.
Frases célebres sobre: amb. [Página 131]
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Y, ¿Con qué aliciente? La gloria. ¡Oh! ¡La gloria, que casi siempre arroja sus laureles sobre el ataúd, donde han caído derribadas por el hambre del cuerpo ó los supremos dolores del alma! No importa. Con la planta herida por los abrojos del camino y la f
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Me interesa que las obras transmitan algún mensaje. También me importa el espacio y la alegría de vivir de las cosas. Después el estilo va cambiando pero se reconoce lo que uno hace aunque sea distinto porque la mano es la misma.
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Una de las cosas más atractivas de una ciudad es el cambio, algo que Buenos Aires tiene de sobra. Es por eso que podemos ver medianeras que iluminan la ciudad.
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Lo único que yo ambiciono y deseo es no caer en la necesidad de vanagloriarme por mis virtudes y por mi inteligencia, y no pregonar mis buenas acciones.
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Los hombres se distinguen menos por sus cualidades naturales que por la cultura que ellos mismos se proporcionan. Los únicos que no cambian son los sabios de primer orden y los completamente idiotas.
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Aprende a soportar los cambios de la fortuna con nobleza.
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También yo mataría, incluso a ti: me haces soñar sin tregua, no me dejas dormir.
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No debes quejarte de la nieve en el tejado de tu vecino cuando también cubre el umbral de tu casa.
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No te quejes de la nieve en el tejado del vecino cuando también cubre el umbral de tu casa
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Los hombres sabios nos han enseñado que no sólo hay que elegir entre los males el menor, sino también sacar de ellos todo el bien que puedan contener.
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El hambre es el condimento de la comida.
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El médico competente, antes de dar una medicina a su paciente, se familiariza no sólo con la enfermedad que desea curar, sino también con lo hábitos y la constitución del enfermo.
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Echar de menos es un poco como el hambre. Sólo se pasa cuando se come la presencia. Pero, a veces, el echar de menos es tan profundo que la presencia es poco: se quiere absorber a la otra persona entera. Esa gana de ser el otro para una unificación entera
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Sólo mucho después iba a comprender que estar también es dar.
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No preocuparse en absoluto de lo que la gente opina de uno mismo, no sólo es arrogancia, sino también desvergüenza
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No solamente es ciega la fortuna, sino que de ordinario vuelve también ciegos a aquellos a quienes acaricia.
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Y estaban los dientes, también: casi se podían contar millares de dientes dentro de la raya de la boca, y cada pedacito menor que el otro, y más blanco.
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La estabilidad del medio interno es una primera condición para la libertad y la independencia de determinados órganos de la vida en relación con el medio ambiente que les rodea.
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Todos los mecanismos vitales, por variados que sean, tienen un objetivo, la constante preservación de las condiciones de vida en el ambiente interno.