Muchas veces las palabras que teníamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
Frases célebres sobre: amos. [Página 181]
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Nuestra sensibilidad por la estatua mutilada, por el bronce de las excavaciones arqueológicas, es reveladora. No coleccionamos ni los bajorrelieves borrosos ni las oxidaciones; no es la presencia de la muerte lo que nos retiene sino la de la supervivencia
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Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar.
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No sabemos qué hacer con esta vida y aun así, suspiramos por otras que sean eternas.
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Llamamos peligrosos a los que poseen un espírutu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.
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Al final de nuestra vida, creo que las únicas cosas agradables serán las que soñamos y las que no llegamos a hacer.
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Si hubiéramos de destruir todos los sueños y visiones de los hombres, la tierra perdería su forma y su colorido, y nos adormeceríamos en la más triste estolidez
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Si consideráramos a los demás como a nosotros mismos, sus acciones más reprochables nos parecerían dignas de indulgencia
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En muchos casos encontramos móviles nobles y heroicos para actos que hemos cometido sin saber o sin querer.
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No amamos a una mujer por lo que dice; amamos lo que dice porque la amamos a ella.
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Ser sinceros no es decir todo lo que pensamos, sino no decir nunca lo contrario de lo que pensamos.
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Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
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Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.
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Cuando cambiamos interiormente, debemos cambiar también los objetos que nos rodean
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El mejor momento para ti y para mí no es cuando razonamos, sino cuando no lo hacemos.
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Haríamos muchas más cosas si creyéramos que son muchas menos las imposibles.
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Si pudiéramos desterrar la palabra serio de nuestro vocabulario, muchas cosas se arreglarían.
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Y que vivamos ausentes.
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No son recuerdos, que es vida, y verdadero el diálogo que contigo tengo, madre, cuando aquí nos encontramos.
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Como el mueble y la tela, tu desnudo ya no tenía imponencia bajo el aire, bajo el alma, bajo nuestras almas. Nosotros ya no entendíamos de aquello. Era el suelo de un ámbito celeste, imponderable. Éramos transparencias altísimas, calientes.