Triunfan aquellos que saben cuándo luchar y cuándo no.
Frases célebres sobre: aquello. [Página 49]
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No era conveniente llevar a los hombres a posiciones desesperadas, porque en aquellos momentos todos podían sacar repentinamente dientes y garras.
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Tú dices que eres santo, y eso porque no te he visto pecar. Ay, pero existen aquellos que te ven pecar, amigo mío.
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Tienen que encontrar aquello que aman
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El porvenir pertenece a aquellos que no están desilusionados.
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Aquello a lo que temes no es nunca tan terrible como lo imaginas. El temor que dejas crecer en tu mente es mucho peor que la situación real.
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Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.
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Una mujer de cuarenta años sólo tiene atractivos para aquellos que la amaron en su juventud.
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Leyendo todos aquellos nombres, sumando tantos esfuerzos intelectuales, en todos los campos, uno no podía dejar de pensar que entre esos miles de hipótesis, una al menos tenía que ser justa, y que en todas ellas había sin duda un grano de verdad; la reali
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En mi vida personal lo más notable fue la llegada del huésped que amistosamente se instaló en aquellos años en mi casa, un huésped que yo no había esperado: el éxito.
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El público es tan limitado, tan incapaz, que sólo ve aquello que se le enseña
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Llamamos bello a aquello que es elogiado por el periódico y que produce mucho dinero.
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Primera muestra de una auténtica vocación política lo es, en todo tiempo, que un hombre renuncie desde el principio a exigir aquello que es inalcanzable para él.
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Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.
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Preferid, entre los amigos, no sólo aquellos que se entristecen con la noticia de cualquier desventura vuestra, sino más aún a los que en vuestra prosperidad no os envidian.
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Aquellos que están en guerra con otros, no están en paz con ellos mismos.
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Aquello que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia.
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Pasó un mes antes de que la gestalt de drogas y tensión en la que él se movía convirtiera aquellos ojos perpetuamente asustados en pozos de reflexiva necesidad. Vio cómo ella se fragmentaba, se quebraba como un iceberg, y cómo los trozos se alejaban a la
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Y, por un instante, ella miró aquellos dulces ojos azules, y supo, con una instintiva certeza animal, que los desmesuradamente ricos ya no tenían nada de humanos.
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Aquellos impecables autores son los que nunca escribieron.