No se puede repicar y andar en la procesión.
Frases célebres sobre: car. [Página 139]
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A mal tiempo, buena cara.
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El régimen de Franco no acometió la represión de posguerra con el objeto de liquidar a la izquierda, sino de darle un escarmiento.
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El componer pierde el carácter de trabajo totalmente, se convierte en beatitud pura.
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La palabra, como medio para unificar las tendencias. La acción, como medio para establecer los principios de la vida práctica
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Si pudiese encerrar a todo el mal de nuestro tiempo en una imagen, escogería esta imagen, que me resulta familiar: un hombre demacrado, con la cabeza inclinada y las espaldas encorvadas, en cuya cara y en cuyos ojos no se puede leer ni una huella de pensa
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Habían cerrado las puertas enseguida pero el tren no se puso en marcha hasta por la tarde. Nos habíamos enterado con alivio de nuestro destino. Auschwitz: un nombre carente de cualquier significado entonces para nosotros pero que tenía que corresponder a
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Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida.
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Next time la Casablanca, no hay carro nos vamoh en balsa
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Las cartas de recomendación son las que se entregan a un inoportuno para que vaya a importunar a otro.
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Por un pequeño bocado de carne privamos a un alma del Sol y de la luz y del gozo de la porción de vida y tiempo por la que había nacido al mundo.
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Ayuda a tus semejantes a levantar la carga, pero no a llevarla.
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Ayuda al hombre que trata de levantar su carga, pero no al que la depone.
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Prefiere el bastón de la experiencia al carro rápido de la fortuna. El filósofo viaja a pie
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Perdemos lo seguro por buscar lo incierto
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Los espíritus vulgares carecen de destino
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Hasta que los filósofos se encarguen del gobierno o los que gobiernan se conviertan en filósofos, de modo que el gobierno y la filosofía estén unidos, no podrá ponerse fin a las miserias de los Estados.
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Debemos buscar para nuestros males otra causa que no sea Dios.
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El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro placer y acompasarlo con el blanco deber para correr sin perder el equilibrio.
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El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos, los caballos.