Soy el santo, orando en la terraza, como las bestias pacíficas que pacen hasta el mar de Palestina. Soy el sabio del sillón sombrío. Las ramas y la lluvia se lanzan contra la ventana de la biblioteca.
Frases célebres sobre: cas. [Página 170]
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Si dos mujeres cuchichean y paran bruscamente cuando te acercas... es sin duda que hablan de sexo. !Y si una de ellas es tu mujer, seguro que hablan de ti!
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La vida es como una nuez; no puede cascarse entre almohadones de plumas.
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Trabaja uno toda la vida para comprar una casa, y cuando, por fin, la casa ya es de uno... no hay quien viva en ella.
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Lo repetiré de nuevo: las leyes naturales no conocen excepciones; las leyes artísticas se componen ante todo de excepciones.
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El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.
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Las casualidades no existen. Todo pasa por algo
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Sigo esperando la estación que te traerá a casa: no sé cuántas veces he plantado la semilla, regado las plantas, contado los capullos.
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No duermas demasiado o te despertarás con un fracaso. Si duermes tres horas menos cada noche durante un año, dispondrás de un mes y medio extra de tiempo para alcanzar el éxito
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Vive en un edificio elegante, aunque tengas que alquilar una habitación en el ático, donde te puedas codear con personas ricas y de éxito en los pasillos y ascensores. Frecuenta los cafés de lujo, aunque sólo puedas tomar sus bebidas a pequeños sorbos. No
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El amor en los hombres reflexivos, callados y virtuosos, prende, casi siempre, con fortaleza.
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Como a un día de fiesta convocaste a mis miedos.
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¡De dónde sacas tus señas gaviota de cumpleaños!
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Lo que tarda tanto en llegar es igual que si no hubiera llegado, peor incluso, porque el cumplimiento a destiempo de lo que tanto se deseó acaba teniendo un reverso de sarcasmo.
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Que se diría de unos hombres que viendo asaltar su casa por los ladrones, se pusiera a disputar con sutilezas los derechos que cada uno tenía para vivir en esta sala o en la otra.
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En las democracias, las revoluciones son casi siempre obra de los demagogos.
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En los años de mi adolescencia y en los primeros de mi juventud he creído firmemente que yo había nacido para cultivar las ciencias filosóficas y políticas y para ser un astro esplendoroso dentro de ellas. Llegar a ser un sabio respetado y solemne fue mi
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Ven -me dice- mi casa está muy cerca. Vamos del brazo, ven. Cosa de instantes. Pero yo sé desde antes que su palacio es un cajón con tuercas.
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Llama. A tu casa voy con ángeles, palabras. Dame algún consuelo de amor, sonrisa pálida. Pálida paloma, ausencia de mis ojos, fortuna que perdí y hallo vestida, hermosa.
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El castigo del embustero es no ser creído aún cuando diga la verdad.